Cumplir

La vida adulta iguala los días, y cuándo tienes un trabajo en el campo sanitario, sabes que cualquier día del año, por especial que sea, es potencialmente laborable. Esos tiempos especiales, la Navidad, la Semana Santa, el verano, son ahora ordinarios, también los cumpleaños.

Cierto que hubo un momento en el que dije que eran un día más, porque había muchos más días en los que sin la excusa de la fecha de mi nacimiento, me sentía especial, pero llegó el momento en el que era un día más, porque simple y llanamente, el 14 de julio se había convertido en el día que iba después del 13 y antes del 15.

Pero este año, cuándo nada esperaba, las circunstancias hicieron que fuera de nuevo especial, no por mí, que sigo igual de vacío por dentro que últimamente, si no por mi madre que se esforzó por darle color al día a pesar de mi empeño de teñirlo de gris, y por haber recuperado de verdad a mi hermana, cuyo espíritu llevaba demasiado tiempo ausente.

No voy a decir que desde ahora voy a celebrar esta clase de fechas a bombo y platillo, de hecho, quiero que fuera de mi esfera más íntima pase lo más desapercibido posible, pero si podré decir que no será un día exactamente igual a los demás.

Dreamworld

Ir a Londres tenía un objetivo, ver la nueva gira de Pet Shop Boys, «Dreamworld», no tenía idea de como podía ser, de hecho esquivé todas las noticias que pude al respecto desde que se inició. Tras sacar las entradas en noviembre de 2019, hasta el 22 de mayo de 2022, esas entradas no se transformaron en algo tangible. Y de la manera más caprichosa también, ese concierto en el O2 de Londres, se convirtió en el único de la gira en su etapa de 2022 que he visto, cosa de la que no me quejo, al contrario.

Me saqué en su momento una entrada VIP, pero solo tenía un merchandising aparte, y por supuesto una localidad bien cerquita del escenario, vamos, que fundamentalmente pagué por estar cerca del escenario, cosa que tampoco lamento, porque encima casualidades de la vida, acabé sentado junto a dos mujeres japonesas, auténticas pethead, os lo puedo asegurar, y nos pasamos el previo hablando en japonés.

Hasta la bola, impresionante llenazo de los PSB en Londres

Empezó el concierto, y fue un no parar, sé que hay gente muy curtida en esto de ver conciertos y sabrá encontrar diferentes virtudes y defectos, pero yo, como simple fan que iba a disfrutar, y que de hecho necesitaba disfrutar, lo hice de principio a fin, me sostuvieron en el cielo durante las casi dos horas de concierto. Eso sin contar lo que para mí fue el momentazo del evento, cuándo Chris Lowe, todo imperial, abandonaba su situación habitual en las últimas giras en el lateral del escenario, y aparecía justo en el centro del mismo, no creo que se pudiera emanar más poder desde un teclado.

Y no lo digo solo yo, mucha gente me transmitió la misma sensación

Parece mentira que después de tantos años sigan haciendo cosas tan cañeras, después de haber hecho tanto alarde artístico, que aún sepan como tocar el corazón de sus fanáticos, que perdonamos mucho, pero a veces somos también los menos tolerantes si notáramos un bajón de calidad en su trabajo. No sé como será el concierto para un «casual» que va a ver un concierto de un grupo interesante pero que no es fan, pero desde luego, lo que es para mí, esta gira está muy lejos de mostrar decadencia en su carrera.

En fin, ahora se van a Norteamérica a la gira con New Order, y el año que viene ya se han confirmado los conciertos en Inglaterra, ahora solo queda que las guardias y otras cosas me permitan repetir, porque con una sola vez no me basta.

De vuelta a volar

No había viajado al extranjero desde que fuera a Praga a ver el hockey en octubre de 2019. Me acuerdo que ese año me sentí muy culpable por la cantidad de viajes que hice, todos justificados porque eran eventos irrepetibles, no me imaginaba cuanto, de hecho nadie imaginaba que al año siguiente ni podríamos salir de nuestra casa, y ahí empecé a arrepentirme menos, de hecho ya no queda nada de ese sentimiento, y sin decir que ahora voy a vivir a lo loco, desde luego no voy a mirar a otro lado cuándo surja la oportunidad.

Algo de eso me quedaba cuándo tras dos aplazamientos, el concierto de Pet Shop Boys en el O2 de Londres por fin se iba a celebrar, unas entradas que compré en noviembre de 2019 y que ya por fin iban a servir de algo. Pero siendo sincero, entre las circunstancias del mundo, de la vida y del trabajo, no tenía ganas. Tuve un coqueteo con el hecho de cancelar las entradas, me daban miedo las posibles restricciones por el COVID, el no saber como era el Reino Unido tras el Brexit, y esa eterna pereza que me da cada vez que me voy de viaje.

Pero me lie la manta a la cabeza y fui organizando las cosas, volvía un vuelo de Granada a Londres, busqué alojamiento, me informé acerca del roaming y otras cosas, pero fui a lo imprescindible, no hice ningún plan especial ni miré si había exposiciones o algo así.

Contaba con el hecho de que otros amigos petheads irían al concierto, y pasaría el tiempo con ellos, el único problema fue que ellos llevaban un plan al revés del mío, que era estancia en Londres, concierto y a mi casa, y el suyo era concierto, estancia en Londres y a su casa.

Y al final me vino bien, circunstancias de la vida, mi amigo Jose que ya lleva la tira de años viviendo en el Reino Unido se puso en contacto conmigo a través de un recuerdo de Facebook y acabé yendo a Cambridge a visitarlo y por fin conocí a su mujer y a sus dos niños, ya solo por eso mereció la pena irse para allá.

Aparte Londres no es una ciudad que de mucha opción al aburrimiento, al menos para mí, solo pasear ya me entretiene, de hecho hice entre 12 y 14 kilómetros de caminata, y es que desde mi hotel cerca de la estación Victoria, cantidad de sitios para visitar a pie.

Londres engalanada para el Jubileo de la Reina, el Imperial War Museum, la Queen´s Gallery con una exposición de los regalos de los emperadores japoneses a los reyes de Inglaterra, la National Gallery, no tuve tiempo de aburrirme.

Aunque me llevé las libras esterlinas y mi tarjeta Oyster, al final apenas gasté efectivo, otra cosa que me preocupaba, la pandemia ha instaurado el reino del contactless por todas partes. He recordado todas las cosas que supone viajar solo, las buenas, regulares y malas, y las he vuelto a incorporar a mi memoria para que la próxima vez que toque, pensar sobre hechos y no sobre teorías.

Tardaré en volver a salir fuera, sigo sin tener el cuerpo ni las ganas, pero seguro que llegará el motivo correcto para que eso ocurra. Estoy descafeinado, pero no muerto.

La Santísima Trinidad o a que suena un libro

Nunca he sido muy partidario de toda la parafernalia que rodea a los grupos de música, ni siquiera de los que me gustan, aunque parte de eso ha cambiado con el paso del tiempo. Al principio solo tenía interés en la música en si, en cierto modo cuándo has sido adolescente en los 80 y discos destinados a ser leyenda aparecían todas y cada una de las semanas del año, apetecía más escuchar esa música que saber lo que había detrás de ella. Aparte de que ya sabemos que el relato de las cosas justo en el momento que suceden, suele estar sometido a presiones y condicionantes que acaban siendo más fuertes que la verdad.

El tiempo da perspectiva de las cosas, y aunque el paso del tiempo suele vestir los recuerdos de algo de creatividad, permite aproximarse a los hechos que sucedieron con una menor carga de tener que aparentar y con menos apego al que dirán. A lo hecho, pecho y esas acciones del pasado son las que han hecho posibles este presente.

Cuatro décadas contemplan a tres de los grupos que están entre los favoritos de muchos, Pet Shop Boys, el único grupo del que me puedo considerar fan legítimo, Depeche Mode y New Order. Obviamente hay libros que hablan de los tres, y en detalle más profundo, pero la idea que nació en la cabeza de mi amigo Pablo Ferrer, fue más allá, y reconociendo los paralelismos, coincidencias y personas comunes que rodean a estas tres bandas, que todavía en 2022 siguen ahí, hacer el relato de como ha sido ese camino desde que eran unos jóvenes que nadie conocía, a convertirse en los músicos que hoy día no tienen que demostrar nada a nadie.

Ya no solo por el interés que me generaban los grupos, si no por que conozco la manera de trabajar de Pablo aunque sea solo de refilón, sabía que el trabajo que estaría detrás del libro sería ingente. Una documentación brutal que avala las afirmaciones de cada uno de los capítulos, redactados de forma clara y consiguiendo enlazar los hechos y circunstancias que rodean a tres grupos sin agobiar en la lectura.

Y lo que es más importante para mí y lo que me ha hecho disfrutar mucho del libro y porque no decirlo que me haya llevado más tiempo que otros el leerlo, ahora si, he sentido la necesidad de saber las circunstancias que llevaron a la creación de esos discos, a esas obras que yo escuchaba en apenas 40 o 50 minutos y que detrás llevaban un trabajo, unas vivencias, unas risas, llantos, ira, cariño una avalancha de sentimientos que aunque se perciben, nunca llegan del todo a ese álbum.

Hay veces que he comprado un libro o un disco por apoyar a una persona que aprecio, y obviamente aquí hay algo de eso, pero decir que lo hice por eso o incluso que ese era el porcentaje mayor de la motivación para traerlo a mi casa, no sería cierto. Por supuesto que algo de eso había, pero la obra tiene interés por si misma para mí, y me ha hecho volver a disfrutar y volver a interpretar un montón de los discos que andan en mis estanterías y que me han alegrado tantos momentos.

Gente con más saber y por tanto con más influencia, ya han glosado las cualidades de este libro, así que hacedles caso, y todos aquellos que seáis fans del synth pop o incluso solo de alguno de los grupos que aparecen, dadle una oportunidad, oiréis esos discos que llevan tanto tiempo con vosotros con un oido nuevo.

Documentos

Este martes día 8 de febrero me caducaban el DNI y el pasaporte, así que saqué cita para el mes pasado y renovarlos. Diez años más de mi vida que de un modo u otro se ven resumidos en ambos documentos, en el DNI porque se ve el paso de los años reflejado en mi rostro, algo que últimamente no me está sentando nada bien, y en el pasaporte por los sellos de mis viajes a Japón, sin olvidar ese solitario sello de entrada y salida de Corea del Sur, que rememora uno de los viajes más divertidos que recuerde.

Ahora se abre una nueva frontera que ya empiezo a no estar muy seguro de cubrir, será en 2032 y yo tendré 60 años, ando tan quemado últimamente que ni siquiera sé si estaré ahí, y si lo estoy no se en que condición. El futuro se abre ante mi con un gran velo de incertidumbre, no solo por las cosas que me pasan, si no por las que suceden en el mundo. Aunque sea el siglo XXI y viva en Europa occidental, seguimos siendo seres humanos los que vivimos en este planeta, y ninguno de nosotros está exento de las desgracias que han azotado a las personas desde el principio de los tiempos.

De momento me conformaré con vivir al día, esa será la frontera que iré cruzando de momento. Por cierto, el carnet de conducir me caduca en septiembre.

Pon un Sebastián en tu vida, o mejor dos

Me gustan los rallys bajo cualquier circunstancia, cada fin de semana que toca uno del mundial que puedo verlo de cabo a rabo en casa, no tengo más meta en esos días que disfrutarlo, y cualquier cita, persona u obligación que interfiera en ello es una molestia.

La semana pasada empezaba la temporada de 2022, no más WRC, ahora los reyes son los Rally 1, con su cambio de normas y tecnología prometían un inicio incierto y con un visionado a la expectativa de lo que cada uno de los tres equipos principales había conseguido con el trabajo de desarrollo y pruebas en 2021. Y desde luego lo que han traído de nuevo ha sido interesante, pero aún más interesante ha sido ver que donde siempre, han estado los de siempre, los reyes de Monte Carlo, Ogier y Loeb.

Un duelo sin más invitados, ni falta que hacía, un duelo repleto de talento al volante, talento a la hora de jugar a elegir neumáticos, y como no, de cambios de suerte en el que el pinchazo de Ogier en la penúltima etapa resolvió el duelo en favor del mayor de los maestros, que encima es más joven que yo.

Reconozco que me podía el hecho de que Loeb y Ford volvieran a ganar tras tiempo de sequía, pero la victoria de cualquiera de los dos habría hecho justicia.

No sé si el resto de la temporada con los pilotos a tiempo completo de vuelta al protagonismo tendrá momentos tan intensos como el de este Monte, pero desde luego, ya, que nos quiten lo bailao.

Ya no tengo el último coche ganador de Loeb, llegará.

Literalmente Pet Shop Boys

No soy nada mitómano, no tengo ningún interés especial en saber al dedillo la vida de la gente famosa que genera en mi algún tipo de admiración, más bien soy de disfrutar de su obra si es artista o de sus rendimientos en el caso de los deportistas, pero como en toda norma también tengo una ligera excepción, Pet Shop Boys.

Tampoco es que me sepa su obra y milagros, pero me gusta saber cosas de como han hecho sus discos, sus opiniones sobre diferentes temas, si es que no quedan ya suficientemente claras con su música, y por qué no, un poquito del como son cuando no están en un escenario, único momento en el que soy testigo directo de su comportamiento.

Pero aún así, mi curiosidad se basaba solo en lo que leía en la revista del club de fans y en artículos sueltos, nunca se me ocurrió leer los libros que escribiera Chris Heath siguiendo sus giras y que sacan a la luz de manera más intensa su forma de ser, aunque siempre bajo el filtro de quien lo escribió y la supervisión de los protagonistas que para eso el periodista estaba empotrado de modo oficial en las giras. Pero la reedición de sus libros en el 30 aniversario de los mismos me ha animado a empezar a leerlos y ya me acabé «Literally», el primero de ellos y que le acabaría dando nombre a la revista del club de fans.

He visto los días de vino y rosas de su etapa imperial, en la que a pesar de querer mantenerse distantes del «establishment» musical, como artistas de una gran compañía como Parlophone EMI y dueños de varios números uno recientes formaban parte, he visto las dificultades de una gira, los tira y afloja con promotores, periodistas especializados, la lucha de egos con Derek Jarman que nos acabó dejando la mutilada película de la gira, que bueno, es mejor que nada, en fin, las luchas diarias que los convirtieron en los artistas de renombre que son ahora, y que centímetro a centímetro han levantado el pedestal en el que están ahora.

Me he tomado mi tiempo, pero lo he disfrutado, ahora en mi montaña de libros por leer espera turno «Pet Shop Boys vs America», pero de momento la primer serie de los Episodios nacionales de Perez Galdós es la que se lleva mi atención.

Un libro para fans, y si se me apura también para aquellos que quieran conocer el contexto del pop y la industria musical en los finales de los 80. Y eso si, que estén suficientes de inglés, que yo no es que ande muy sobrado, pero no me ha impedido disfrutarlo.

La vida me pone triste

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En este día de junio de 2020, ¿hay alguien qué se sienta feliz aparte de los fabricantes de mascarillas?. Espero que sí, aunque creo que el número sería mayor si viviéramos bajo otras circunstancias. Si el optimismo y el pesimismo en nuestra mente sumaran cien, creo que mi optimismo estaría por encima del 50, aunque últimamente esa mayoría se tambalea.

Esta cosa que ahora llaman nueva normalidad, aunque sigue siendo una normalidad más, es más llevadera que el confinamiento, pero nuestro subconsciente chirría y nos avisa a través de su circuito de neuronas reptilianas de que la cosa no es así y mantiene al cerebro en zafarrancho de combate, que es una preparación para luchar, pero un estado bélico al fin y al cabo.

Así que cualquier noticia mala o contratiempo duele un poco más que en un estado normal, como el cierre del Recofan de Shibuya. Ya el cierre del de Yokohama, uno de mis templos y visita obligada para buscar discos fue un golpe duro, pero este ya me remata.

Quedan en Tokio muchas otras tiendas, no solo a lo grande como Disk Union, si no otras muchas como en Shimokitazawa, pero aunque cuando ya llegas a cierta edad sabes que nada es para siempre, cuando ocurre, cuando algo que aprecias desaparece, una parte de tu corazón deja de moverse.

Siempre que me pongo así de chungo, me acuerdo de los japoneses que en agosto de 1945 tras perder la guerra, pensaban que era el fin de Japón y que su país sería un sitio peor con suicidios incluidos. 85 años después Japón ahí sigue y siendo un país mejor que antes de la guerra.

Solo si estás vivo tienes la opción de ver las cosas ir a mejor, pero caray, que difícil se hace a veces el camino. Y todo esto porque cierra una tienda de discos a diez mil kilómetros de mi casa.

 

Locura por los rallys o algo así

Siempre me han gustado las carreras de coches, cuando era un mico, no tendría ni cinco años, recuerdo un póster de ese Tyrrell de seis ruedas, el P34, que me fascinaba. y en la tele me encantaba ver las carreras de Formula 1, esos coches que corrían un montón, con sus colores brillantes, su publicidad de tabaco ja ja, con la alineación de pilotos de Gilles Villeneuve y Didier Pironí con sus números 27 y 28 en los coches me hice ferrarista.

Pero llegaron los grupo B al mundo de los rallys y con ellos el Audi quattro, y los anuncios de Audi en los periódicos hicieron que me fijara en los rallys. Y esos coches me gustaron mucho más, aunque con el inconveniente de que en mitad de los 80 eso de retransmitir rallys como ahora era pura fantasía.

Pero llegó Carlos Sainz (con Luis Moya cantando notas a toda mecha) y no solo tenía un piloto de mi país al que apoyar y del que sentirme fan, si no que su presencia me puso más a tiro seguir los rallys, para la tele ya eran interesantes.

Ya no solo los coches eran familiares para mi, Montecarlo con su nieve y el Turiní, Sanremo y Tour de Corse embajadores del asfalto, el RAC Rally, y sus etapas nocturnas y con lluvia, la grava asesina del Acrópolis, Argentina y sus pasos de agua, el Mil lagos con sus mil saltos, los coches modificados para el Rally Safari y nuestro RACC, todas esas pruebas se hicieron conocidas para mí.

Los videojuegos me confirmaron aún más que el rally es el automovilismo que más me gusta, ser rápido en asfalto, en nieve, en grava, hay que ser un pilotazo para dominar todo eso, tan pilotazo, que en los primeros tiempos, las marcas de coches tenían diferentes pilotos especialistas en las diferentes superficies para ganar el mundial de constructores, no como ahora que hay una alineación fija con dos pilotos y un tercero especialista que apoya para el mundial de constructores.

El Canal + hizo a lo largo de los años un seguimiento del mundial y yo más o menos lo seguía, que me gusten tantas cosas, hace que no sea fanático al extremo de ninguna, no me gusta ser monotema en nada. La llegada de Dani Sordo al mundial lo puso de nuevo en mi punto de mira, pero el dominio tiránico de los dos Seb (Loeb y Ogier) me dejaba un poco frío a su vez.

No puedo decir exactamente el por qué, podría decir que el hecho de que Ott Tänak rompiera el dominio francés fue una señal, pero tampoco eso exactamente, en el enero precoronavirus, al menos en España, llegó el Rally de Montecarlo de este año y empecé a seguir las noticias, como regalo de reyes me llegó el WRC 8 para la PS4 y andaba más interesado que otras veces y descubrí el WRC +, el sistema de streaming del mundial de rallys, y la combinación descuento para WRC + incluido en el videojuego, combinado con las ganas de algo que me evadiera un poco hicieron que me apuntara y me picara de manera feroz con los rallys.

Bueno, no ha sido un buen año para apuntarse en principio, el Rally de Suecia con la falta de nieve quedó muy mutilado y el Rally de México no por motivos internos, si no por que los equipos quizás no podrían regresar a casa, se quedó sin domingo, pero pude saborear el nuevo sistema.

A falta de carreras de verdad, me las monto de mentira, primero con el WRC 8 y ahora con el Dirt Rally 2.0, a la espera de que los pilotos puedan volver a las carreteras, me conformaré con eso y disfrutando de los vídeos de temporadas anteriores.

Bueno, a lo largo de la semana iré contando más cosas de este tema, que si no fuera por la pandemia, sería el que más marca mi primera mitad de 2020.

Algo más que una gripe

Ya llevamos más de cuarenta días de encierro, muchas cosas han pasado desde que a primeros de marzo ya se veía que aquello que creíamos que no iba a llegar  ya había llegado. Ya en la primera semana de marzo dejé de ir al gimnasio y de hacer ciertas cosas, pero también me fuí a un partido con una previa en la que más de veinte mil personas nos apiñamos sin el temor que tenemos hoy día. Vamos, que algo me olía pero no tenía ni idea.

Y ya en este momento de abril ya sabemos que esto no será una cosa de unos días o unas semanas o incluso de unos meses, 2020 va a ser un año en blanco para muchas cosas en el mejor de los casos, porque para muchos ha sido el punto final y la cuenta no va a terminar de sumar pronto.

La mala noticia es que no vamos a salir pronto de esta y menos con un gobierno dedicado más a salvar el culo y a la ingeniería de almas incluso dentro de esta tempestad, la buena es que se saldrá, lo único que queda saber es el número de víctimas ya sea en forma de muertos o de desempleados.

Ya antes de todo esto no me sentía muy confiado en mi futuro, más bien andaba con la sensación de que ya había alcanzado el pico de mi vida y que a partir de ahora toca ir cuesta abajo y todo esto no me ayuda.

Creo que ya es oficial que tenemos un antes y un después en la historia de nuestra vida, espero que sepa enfrentarme a eso.