Osaka, adiós al Super Tour

A veces uno puede llegar a pensar que ha llegado a la cima de lo que puede vivir, que cuando ya alcanzas una edad en la que has tenido la ocasión no solo de tener, si no de repetir experiencias, que ya nada puede superar a lo que ya has vivido. Después de esta experiencia, creo que no es así.

He tenido la suerte de vivir ya muchos conciertos de Pet Shop Boys, y de poder darme el lujo de perder la cuenta aunque desde luego no he olvidado los momentos más especiales de cada uno de ellos, pero si creía que lo vivido en el Budokan marcaba el pico de este viaje, me equivocaba y mucho.

El concierto de Osaka podía ser en un recinto de menos aforo que el Budokan pero no menos digno, el Festival Hall de Osaka. En su atmósfera me recordó a los conciertos del Teatro Real en Madrid y del Royal Opera House londinense.

La emoción de saber que estaba cumpliendo un sueño, y que asistía al cierre del Super Tour incrementaban la emoción del momento, saber que era la última vez que esos músicos estarían ahí, que sonaría esa vieja canción pero que sonaba como nueva, que se podría cantar a grito pelado el cierre con Domino dancing y Always on my mind, que mi siguiente concierto sería con un nuevo concepto y un nuevo repertorio. Todo eso pasaba por mi cabeza.

Pero si eso ya fue digno de ser vivido, lo de después también lo fue. Unos cuantos petheads felices y con ganas de divertirse en una sala de karaoke en la que nos cantamos todo el repertorio disponible de PSB y que fue el broche de oro a la visita de Neil y Chris a Japón..

No se con cuantas locuras me atreveré de aquí hasta mi último suspiro, pero se que todavía no ha llegado el momento de decir que lo he vivido todo.

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Cuando se cumplen los sueños

Siempre había estado dentro de mi la idea de juntar dos de las cosas que más me gustan, Japón y los Pet Shop Boys, pero es algo que pensaba que difícilmente iba a ocurrir. La vida adulta te hace ganar recursos, pero también hace que aumenten tus obligaciones, ya sean laborales, familiares o sociales, pero a veces los planetas se alinean y permiten que incluso los sueños más locos puedan cumplirse.

Y esto fue lo que pasó el pasado 1 de abril cuando pude ir al concierto de Pet Shop Boys en el Nippon Budokan. ¡Encima en el Budokan! No hay artista de renombre que haya venido a Tokio y no haya tocado ahí, un lugar de leyenda.

Sobre 15 mil personas, quizás el público más numeroso que he visto en un concierto solo de ellos quitando festivales. Estar en Japón, en un escenario mítico y con ese llenazo espectacular, hizo que me embargara una felicidad que rozaba el efecto de las drogas, desde luego no olvidaré nunca este concierto, aunque de todos queda rastro en mi memoria, porque todos tienen algo especial.

Mi pequeño botín fue mi camiseta de la gira asiática que podré llevar con orgullo porque estuve ahí. Y encima es preciosa.

Si en el momento de venir a Japón tuve dudas, aquí se me quitaron todas. 日本に来てよかった。

Súper Super Tour

Cuando cogía el avión el sábado por la mañana para ir a Japón a ver los dos últimos conciertos de la gira de Pet Shop Boys lo hacía con algo de duda, reprochándome esta especie de locura que es venirme prácticamente cinco días para ver un concierto que ya he visto varias veces, pero solo porque esta vez es en Japón.

Pero una vez que he llegado aquí, ese sentimiento va desapareciendo y me voy convenciendo de que he hecho lo correcto. Y para colmo paseando por Harajuku…

…¡me encuentro con sus músicos! De la sorpresa casi ni les hablo y luego cuando conseguí hablar casi no les pido la foto.

No es como encontrarse con Neil y Chris pero esto también te pone las pilas. Mañana, primer asalto en el Budokan.

La diversión tenía un precio

No necesito muchas excusas para ver western. Es un género de películas que vi por toneladas de pequeño y que a mi padre le entusiasmaba, muchas de mis películas favoritas son “de las del oeste”.

Últimamente no había visto ninguna, pero con la aparición en Netflix del documental de “Desenterrando Sad Hill” me han dado unas ganas locas de volver a ver las pelis de Sergio Leone. De la llamada “Trilogía del dólar”, solo tenía en casa “El bueno, el feo y el malo”, así que me fui a Amazon y me pillé las tres en bloque aunque ya tenía una, pero me salía a cuenta. Además mejoraba de DVD a Blu Ray.

Este finde me he llevado por delante las dos primeras y me he dejado precisamente la que era la protagonista del documental. Pero bueno, tanto esa como “Hasta que llegó su hora” tendrán pronto su turno.

Ahora con el festival del streaming del que dispongo, es raro, muy raro que compre películas, pero aún así más vale tener a mano tus favoritas que esto del internet está muy bien, pero vete tú a saber si va a estar ahí hasta el día que me muera, que esté mundo es muy dado a buscar un poco de atraso tras una época de avance.

Érase una vez

Hay en la vida aniversarios que son prácticamente equivalentes a un cumpleaños, porque son días en los que se puede decir que tuviste otro nacimiento, son experiencias sin las cuales no serías la persona que has llegado a ser el día de hoy.

Hace ya 15 años del inicio de mi primer viaje a Japón, el primero de unos muchos que ni pensaba que haría después. Usando un pasaporte que me saqué año y medio antes aprovechando la renovación del DNI “por si alguna vez iba a Japón”, toda una fantasía por aquel entonces, pero que gracias a mi amigo Pepe, se convirtió en realidad.

Nunca estaré suficientemente agradecido por su invitación a unirme al viaje con sus alumnos para entrenar con su maestro de Japón, porque me abrió la puerta para hacer algo que deseaba muchísimo, y me puso en el camino tanto entonces, como cuando repetimos en el 2005, para que yo fuera capaz de ir solo más adelante.

Así que si me hago famoso, biógrafos e investigadores ya sabéis, apuntad la fecha del 17 de noviembre del 2003.

Gracias

Puede parecer triste porque lo es. Es el lugar donde se encuentran los cuerpos de aquellos que vivieron antes que nosotros y agotaron su paso por este mundo. Unos después de mucho tiempo, otros fueron apenas una ráfaga pero todos tenían su historia. Historias gracias a las cuales las nuestras han llegado a ser posibles.

Por eso cada vez que vengo cada 1 de noviembre renuevo el sentimiento de gratitud hacia todos aquellos que me han precedido. Aquellos cuya vida ha hecho posible la mía. Por eso aunque esté cansado, aunque me de pereza no quiero dejar de venir. No se trata de recordar a los que ya no están, su recuerdo está siempre conmigo, es una acción de gracias.

Like a sir

Ya tuve la oportunidad de disfrutar de la experiencia VIP cuando me invitaron a un concierto de La oreja de Van Gogh, y ya dije que era algo que había que probar al menos una vez en la vida. Pues ya he tenido la suerte de probarlo dos.

Gracias a mi cuñado que recibió dos pases para un palco, así que cambié mi tribuna alta cuarta fila por el palco número 6 y me dediqué a disfrutar del partido de otra manera.

Ya le tengo cariño a mi sitio y estoy muy hecho a ver los partidos desde lo alto, y desde ahí quizás se perdía perspectiva táctica pero también parecías estar más dentro del partido. Además esa zona de la tribuna baja parecía estar rebosante de vieja guardia de aficionados que le daban su ambiente. Desde luego en nuestro sector somos más tranquilotes.

No soy de los que se obnubilan por las cosas gratis, así que me dediqué a disfrutar con moderación de todas las cosas ricas que me ofrecieron. Y no me lo quiero dejar atrás, en una tarde en la que en el estadio empieza a hacer ese fresquito que nos acompaña en los partidos del otoño e invierno, que resguardado y a gusto se estaba, hasta me quité el abrigo.

Bueno, y lo mejor que el Granada sacó los tres puntos y la experiencia se hizo completa. ¿Qué más se le podría pedir a una tarde de sábado?