Días de gloria

El año pasado fue mi Betis el que quiso regalarme unas semifinales de Copa en las que acabó cediendo ante el Valencia. Por vivirlo en la distancia la intensidad no fue tan fuerte aunque el sentimiento de frustración ahí se quedó. Menos acostumbrado a estas alturas me tiene el Granada, cero ligas y cero copas en el palmarés, temporadas de partidos sufridos en los que se veía más testosterona que fútbol, son la gran mayoría de mis recuerdos en el estadio de Los Cármenes, tanto viejo como nuevo.

Pero ya desde la pasada temporada, con la llegada de Diego Martínez, otra manera de vivir el fútbol ha llegado a la ciudad donde vivo, competitividad, empuje, gente que sabe lo que hace en el campo, cada fecha de partido que anotó en el calendario ya no es motivo de zozobra si no de alegría. Y consecuencia de todo esto ha sido la carrera del Granada C.F. En la Copa del Rey 2019/20, un curso que le ha llevado hasta unas semifinales en las que ha tocado la final con la punta de los dedos, un partido que he querido vivir incluso desde horas antes en la cercanía del estadio y que me ha permitido soñar con ser testigo de algo grande.

Últimamente hemos podido vivir partidos con ambiente majestuoso en Granada, pero el de esta ocasión era diferente, porque se luchaba por un objetivo por los que pocas veces se tiene la oportunidad de pelear si vistes la camiseta del Granada, porque se sentía que algo maravilloso era posible, pero al final cuando casi se agarraba con las manos se escapó.

No hay modo fácil de aceptar una eliminación, pero al menos este equipo consiguió que fuera de la manera más fácil posible. La temporada no ha acabado, creo que quedan muchas cosas chulas por venir y por disfrutar, serán menos intensas, pero estoy seguro de que nos esperan más fiestas en nuestra casa.

Y por supuesto, que no nos falte nuestra cervecera después de los partidos.

Hotspot

Ya casi ha pasado un mes desde que “Hotspot” ha llegado a mis manos y no puedo estar más feliz. Al final el tercer álbum de la colaboración entre Pet Shop Boys y Stuart Price ha conseguido revivir en mí desde el principio lo que otros álbumes producidos por Price ya hicieron, como “Confessions on a dancefloor” de Madonna o mi favoritísimo “System” de Seal.

Y no estoy diciendo que sea el mejor de la trilogía, “Electric” con el paso del tiempo se está ganado un sitio en mi corazón que le estuve negando durante un tiempo, y no porque no fuera bueno, si no porque me costó mucho trabajo aceptar la nueva manera de promocionar los discos, consecuencia no solo del cambio de los tiempos, la industria, los hábitos del público son muy diferentes en 2020 respecto al final del siglo XX, si no de pasar de una gran compañía como Parlophone-EMI a la suya propia x2.

Pero es que tras empezar a escuchar “Hotspot” es que hasta las canciones lentas, que muchas veces al escuchar un disco nuevo de PSB, son las que más trabajo me cuesta que me entren, me han gustado desde el principio, que tras un comienzo tan potente como “Will-o-the wisp” suene una canción tan bonita como “You are the one” que te baja el subidón introductorio pero no te desarma de cara al resto del disco, te deja preparado para disfrutarlo.

La prueba de que el disco me gusta es que lo disfruto incluso escuchándolo al azar, no hay canción que me decepcione, ni siquiera la muy criticada por muchos fans “Wedding in Berlin”, que para mí tiene su punto simpático.

Cualquier lanzamiento de Pet Shop Boys tiene para mí otra vertiente tan interesante como la musical, y es el punto de vista coleccionista. Y “Hotspot” ha sido una pequeña decepción, ya que si bien se ha añadido otro formato exótico como el cassette, bien es cierto que las ediciones locales del disco han desaparecido, solo Japón ha sacado una edición propia, ya “Super” tuvo menos ediciones que “Electric”, pero con “Hotspot” se ha llegado prácticamente al mínimo, bueno para mi bolsillo, malo para mi corazón de coleccionista.

Los chicos siguen en forma y con ganas de seguir haciendo música, pero mientras esa nueva música llega, toca disfrutar de la era Hotspot.

La llamada de la tierra

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He ido a visitar los olivos de mi madre con ella, sé que he estado allí antes pero la verdad es que no recuerdo ni cuando, de hecho ni recordaba donde estaban. Mi madre heredó esos olivos de mi abuelo, su padre, y por eso los ha mantenido todos estos años, no dan mucho beneficio pero tampoco restan, así que ahí siguen.

Pero esta visita ha despertado algo en mi, yo ya les tenía cariño porque no solo es que fueran de mi abuelo, es que el plantó las estacas y las cuidó hasta que se convirtieron en árboles, y yo ya suponía que eso era trabajo, pero esta vez me he dado cuenta realmente de la magnitud de ese trabajo.

Porque fueron poco más de 300 olivos, de los que hoy poco más de cien son de mi madre, y durante años, contando el con más de 70, salía por la mañana con el burro con las cántaras de 50 litros y las llenaba en un pozo que estaba a más de dos kilómetros de la casa y ahí otros dos kilómetros y pico tras llenarlas y cargarlas hasta la finca, y ahí regando las 300 y pico estacas. Para luego a la tarde volver a casa.

Solo me acuerdo de una vez, pero recuerdo que sobre todo mi hermana Lola y yo esperábamos en la puerta cuando llegaba su hora de volver y cuando lo veíamos salíamos corriendo para que nos subiera el resto de la calle en el burro.

Volviendo al tema, cuando me di cuenta de que llegar allí con un coche tiene su aquel, ir con el burro y cargado, y el esfuerzo de trabajar ese terreno de sol a sol, sentí más ganas de que esos olivos siguieran con nosotros lo más posible, no sé cuantos años serán, luego se olvidará que fue Ramón el de la casería el que los plantó, porque nadie ya recordará que existió, no serán mas que olivos y como tales acabarán en las manos de alguien que los seguirá explotando sin saber nada de como llegaron ahí. Pero mientras yo viva esa historia se conocerá y estará ahí.

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Maniobras orquestales en Madrid

OMD es un grupo del que incluso tenía discos pero nunca he sido ni siquiera lo que se puede llamar seguidor, pero después de lo que viví el pasado 19 de octubre en La Riviera puedo decir que eso ha cambiado.

El repaso que Paul Humphreys y Andy McCluskey le dieron a su discografía con canciones de todas sus épocas me hicieron levantar la bandera blanca y rendirme. No solo eso, si no la caña y la intensidad que le dieron hicieron que me enamorara de ellos y que haya sido uno de los conciertos en los que mejor me lo haya pasado en la vida.

Mucha culpa también la tuvo la reacción del público que superaba el entusiasmo, yo creo que incluso ellos mismos se sorprendieron, o al menos eso quiero pensar porque al parecer cada vez que vienen a España la gente se vuelve loca con ellos. Yo desde luego me contagié y compartí locura con ellos.

También me gustó mucho ver a los teloneros K!ngdom, de momento solo tienen unos singles sueltos pero los seguiré vigilando porque lo que han sacado hasta ahora me ha llamado la atención.

En fin, esta vez he visto a OMD gracias a la llamada de mi amigo Rafa, pero desde luego cada vez que vuelvan por aquí voy a hacer todo lo posible por verlos.

Viendo a los Blackhawks

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Este año las NHL Global Series reunían en Praga para su primer partido de la temporada a los Philadelphia Flyers y a mi equipo favorito, Chicago Blackhawks. Una oportunidad como esta de ver con mis propios ojos al equipo de mis amores sin necesidad de cruzar el Atlántico, no la podía dejar pasar y acompañado de mis dos David, desde Cádiz y Barcelona respectivamente, nos plantamos en la capital checa para disfrutar del partido y todo lo que le rodeaba.

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Ya no fue solo el partido, si no de todo lo que suponía, mientras paseábamos por Praga en la mañana del partido, se mezclaban el placer de ver una ciudad tan bonita como el de pasear exhibiendo orgullosamente tus colores y cruzar miradas de complicidad ya no solo con los seguidores de los Hawks que te ibas encontrando, si no con todo aquel que llevaba algo relacionado con la NHL.

Tras el turisteo y comer nos fuimos tranquilamente hacia el O2 Arena y allí ya entramos en contacto con el merchandising, tanto de la tienda local como el de la oficial de la NHL. Me contuve mucho, hace años me habría llevado muchas cosas más, pero en esta ocasión solo quise llevarme algo conmemorativo del partido o que viera que marcara una diferencia. Un pin con el logo de los Blackhawks que ahora luce en mi bata y un puck conmemorativo del partido fueron mi modesto pero más que suficiente botín.

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Una visita al Salón de la Fama del hockey checo, en el que como llegamos tempranísimo, pudimos disfrutar de todas las actividades que quisimos, aparte de poder pasearnos por sus vitrinas con total tranquilidad, cosa que más cerca del partido se convirtió en algo más que imposible.

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Llegaron las seis y media de la tarde, hora de la apertura del pabellón, las ganas de estar dentro más la lluvia que hasta ese momento nos había respetado y decidió aparecer, hicieron que nos fuéramos directos a la entrada. Una vez dentro, fuimos directos a buscar nuestras butacas y yo desde luego estaba deseando ver el hielo con su logo de las series coronado por el de la NHL en el centro de la pista.

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Nuestra cerveza y en mi caso la hamburguesa nos dejaron listos para ver el espectáculo. Ya ver a los jugadores en el calentamiento fue todo un subidón, Crawford y Lehner turnándose en la portería, Kane, Toews, Keith, Seabrook, DeBrincat, estaban todos allí.

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El previo con los himnos, la presentación de los jugadores, el saque de honor con Dominik Hasek de protagonista, todo era mágico esa noche, y como no, el partido. Quería ver a mi equipo y quería verlo ganar, pero los Flyers estuvieron siempre un punto por encima de los Hawks y se llevaron merecidamente la victoria. Está claro que jugar en eventos especiales no es la especialidad de Chicago. Pero mereció la pena y pude tachar de mi lista otra de mis cosas por hacer, aunque la visita al United Center aún no está tachada.

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No sé ni donde serán ni quienes las jugarán, pero me encantaría poder volver el año que viene a las Global Series.

New Order en Praga

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Puedo decir que solo soy fan de Pet Shop Boys, pero hay otro montón de música que escucho e incluso hay grupos de los que aunque no tenga un solo disco, creo que hay que verlos en cuánto hay oportunidad. De New Order solo tengo un recopilatorio doble, pero es uno de ellos, y las casualidades de la vida me llevaron a verlos en Praga gracias a la generosa invitación de mi amigo Pablo, con el que ya he vivido más de una aventura, pude tachar de mi lista a otro grupo legendario para ver en vivo.

El Forum Karlin fue el escenario del mismo, apenas a cinco minutos de mi hotel, y un recinto estupendo para conciertos, y encima el guardarropa gratuito por lo que solo teníamos que preocuparnos de sostener la cerveza, como no, un evento sin cerveza en Praga es altamente sospechoso. Tanto como que la máquina que servía cervezas las ponía de cinco en cinco y no daba abasto. Lo mejor del negocio es que el vaso era retornable y te devolvían el dinero cuándo lo llevabas de vuelta, y para redondear la jugada, venía con una solapa, así que si la terminabas y no querías beber más, no tenías que cargar con él, te lo colgabas y punto.

El concierto genial, se marcaron todos sus clásicos y el montaje estuvo muy bien, me gustaron mucho las proyecciones de la pantalla trasera, fue una pasada poder oír en directo canciones que ya eran míticas cuándo yo era un polluelo y el homenaje a Joy Division que marcó el final del concierto de los que te ponen como una moto aunque no seas fan.

Y que no se me olvide, de teloneros estuvieron los Stolen, una banda china que en lo poco que los escuché, un par de canciones porque nos entretuvimos bebiendo cerveza antes del concierto, me parecieron interesantes, a ver si me busco en el YouTube unas coplas y me entero mejor de lo que hacen, porque me dieron buena sensación.

Fui a Praga por otro motivo, pero me llevé por delante una experiencia que por si sola, ya merecía la pena que hubiese ido. Es lo que tiene tener amigos.

 

Museos

No soy del tipo de persona que va expresamente a una ciudad por ver un museo o que visita un sitio para verlos, pero si se me pone a tiro alguno interesante si que me gusta visitarlo.

Mi gran y prácticamente exclusivo interés en mi última visita a Londres era ver a los Pet Shop Boys, pero como para ello me alojé en el campus del Imperial College, me encontré en todas mis narices con el Science Museum y el Natural History Museum así que como prácticamente hasta mediodía no tenía plan decidí pasar allí la primera parte del día.

La entrada a los dos museos es gratuita, como en el Museo Británico, pero puedes dejar una donación voluntaria, yo como soy buena gente contribuí, y con gusto porque disfruté en ambos dos y creo que lo merecía.

La verdad es que cada uno de ellos da para pasar la mañana entera allí, y es que aunque las exposiciones generales son gratuitas, luego hay eventos especiales en forma de exposiciones temporales o proyecciones que son de pago.

Teniendo un sitio tan espectacular como el Parque de las Ciencias en Granada, el Science Museum tenía un buen reto por delante para impresionarme, pero la sala de la energía con su loa a la máquina de vapor, el corazón de la Revolución Industrial en primer plano, te recuerda a pesar de lo duro y difícil que fue para la gente corriente, el gran milagro que supuso.

Podrían contar la historia edulcorada pero no se cortan a la hora de decirte lo que se “puteaban” unos desarrolladores a otros en el camino de la evolución de la tecnología del vapor. Y es que inventar está muy bien, pero comer y no pasar frío ayuda a pensar.

La sala del espacio, o de la tecnología, impresionante la bomba volante V2 a tamaño real, por mucho que hayas leído sobre ese monstruo, sobre su desarrollo, construcción y daño, cuándo la ves en directo impacta aún más. También me gustaron mucho las vitrinas sobre objetos cotidianos de diferentes siglos, te ayudan mucho a comprender la vida de nuestros antepasados.

El Museo de Historia Natural es otra preciosidad, si el de la ciencia te hace mirar a lo que hay más allá de nuestro planeta, este te hace mirar hacia el interior del hombre. Pero si ya el contenido está chulo, desde las salas de la evolución a las dedicadas a los dinosaurios, los mamíferos, las aves o la espectacular sala de la luna, el edificio en si es espectacular, por su tamaño y por algunas salas que recuerdan al Hogwarts de Harry Potter.

Puede que ahora con internet tengamos mucha información en la mano, pero nada como el tener las cosas al alcance de tus manos como en un museo para sentir lo maravilloso que es el mundo que nos rodea.