Archivo de la categoría: Anecdotario de López

Mis cosas vistas además por mi propio prisma

German Tour 2016

Ya cumplí uno de mis propósitos cuándo vi a Pet Shop Boys en Londres, pero otro de los que me guardaba en la cartera, era el de verlos en uno de los territorios pethead por excelencia, Alemania, así que cuándo se anunció la gira por ese país para este otoño no me quedaba duda de que esta era la ocasión.

Me habría gustado unirme a la bendita locura que atacó a mi amigo Pablo y haberme hecho la gira entera con él, pero una vez más los turnos de guardia se encargaron de impedir que mis primeras intenciones se cumplieran, pero me iban a permitir disfrutar al menos de dos conciertos, Hamburgo y Berlín.

Hamburgo esperaba con un día frío y lluvioso, pero aún así me sorprendí con una ciudad preciosa, qué con el decorado del adviento previo a la navidad, se veía aún más decorada y bonita. Sin duda alguna volveré, cuando haga menos frío, eso seguro.

Con mi amiga Susana me fui para el Mehr! Theater para disfrutar del espectáculo. A pesar de tener grabaciones de la gira y multitud de vídeos a disposición, conseguí mantenerme “vírgen” y desconocedor del mismo para tener la máxima capacidad de sorpresa.

img_8011

Preparados para el espectáculo

img_8013

img_8019

El despliegue de luz y sonido, espectacular

Esta vez sentado en la grada, pude ver el concierto a distancia y disfrutar de las proyecciones y efectos de luz que en estas dos últimas giras han sido espectaculares en los tours de Pet Shop Boys, y por supuesto de las canciones que son lo principal de este negocio, con todos sus clásicos más el repertorio de esta gira, salvo “Twenty-something” que parece haber desaparecido tras el tour americano. Una hora y cincuenta minutos que pasaron como un suspiro, pero al menos quedaba el consuelo de que volvería a verlo el día siguiente.

Tras el concierto, encuentro con Pablo y sus amigas italianas, compra de merchandising y salimos a la caza y captura del autógrafo, pero en una noche fría fría y desapacible, Neil y Chris nos dieron esquinazo aprovechando la inmensidad del recinto. Mala suerte.

img_8024

Siempre hay que pillar algo en la tienda de la gira 🙂

La mañana siguiente tocaba viaje en coche hasta Berlín, un trayecto por autopista sencillo que se complicó con la manta de agua que nos cayó, pero con la diversión de la persecución a la furgoneta en la que creíamos que podrían ir ellos hacia el mismo destino, aunque luego averiguamos que no era así, pero nos reímos un rato, para que negarlo.

img_8026

Al final eran inocentes en la furgoneta sospechosa.

Esta vez tocó ir a primera fila, ahí se aprecian menor los efectos pero se disfruta muchísimo de verlos a ellos y a sus músicos e incluso ver al equipo de escenografía montando y sobre todo desmontando cosas durante el mismo concierto para salir zumbando hacia el siguiente. Estando de pie en vez de sentado, no hace falta decir que me lo canté y me lo bailé todo.

img_8033

Con Pablo en primera línea de fuego

img_8047

Aquí yo en plena acción

Intentamos de nuevo verles tras el concierto, y aunque esta vez parecía que la salida estaba más localizada, se nos volvieron a escapar. Yo comprendo que la gira es machacante y que deben estar cansados, pero en los dos días que estuve apenas esperábamos quince o veinte personas, que nos despachan en un suspiro, se van para el hotel y quedan como reyes, si fuéramos una horda de fans histéricos vería muy razonable que escaparan por la alcantarilla si fuera preciso, pero bueno, así son las cosas. Yo más que por los autógrafos, que ya tengo, sería por poderles decir algo y sentirlos cerca, pero eso es algo que no sé si se cumplirá algún día.

Ahora a esperar fechas para el año que viene y rezar para que no me caigan las que me interesen en semana de guardia.

 

Anuncios

Is it October yet?

archivo-19-10-16-18-12-07

Soy hijo del verano, no me gusta el otoño, pero todo se me olvida cuándo recuerdo que llega Octubre y empieza la temporada de la NHL, hockey a cascoporro para distraer mis momentos de ansia de ver deporte.

Este año disfruto de la fibra de internet desde el principio, así que los partidos se ven espectaculares a través del Apple TV aunque los cambios que le han hecho a la aplicación y a la forma de retransmitir los partidos tras el All Star de la temporada anterior, no terminan de convencerme.

Me encantaba poder ver los anuncios estadounidenses y canadienses en los descansos, que a su vez eran más amenos y que ya no esté disponible la biblioteca de partidos históricos, volver a ver las finales recientes de los Blackhawks me encantaba, o ver partidos de hace la tira de años y ver como era el hockey de esos tiempos, pues eso ya no está.

Por último, ya puestos a quitar los anuncios, podrían seguir editando los partidos quitando los tiempos muertos y los descansos y no tener que andar moviendo la barra de tiempo, pero bueno nada en este mundo es perfecto, ¿no?

Este año la NHL ha llegado como el Séptimo de Caballería en las películas del Oeste, a tiempo de amenizarme las madrugadas de esta última guardia de noche, aunque los dos partidos que vi en directo, fueran dos derrotas de los Hawks, pero esto ya está en marcha.

No lo tengo fácil, pero voy a intentar ver los 82 partidos de mi equipo, y de momento los Maple Leafs han excitado mi curiosidad, así que a partir de ahora ¡a disfrutar del hockey!

Por cierto, para rematar el feliz inicio de la temporada, mi amiga Vanesa, se ha marcado el detallazo en su visita a Chicago de regalarme una camiseta y un puck de los Blackhawks, ¿a qué estoy molón? Tengo unos amigos que no me los merezco.

archivo-19-10-16-18-13-01

Podría ser tarde, pero no.

 

archivo-6-10-16-18-03-01

Vivo tanto en mi propio mundo que a veces me olvido de que hay personas que de vez en cuándo piensan en mi y a la que les afectan las cosas que hago.

Y aunque a veces con mi empanamiento general, a veces le hago la puñeta a la gente que tengo alrededor, parece que al final consigo tener un balance positivo y recibo aparte de los pensamientos y el cariño, cosas materiales, como un regalo de cumpleaños tardío, que no por eso lo he recibido con menos emoción.

Esto es lo que llamo empezar una semana con buen pie.

Un pensamiento de martes

Últimamente ando con el paso cambiado, no es qué haya algo qué vaya mal, pero tampoco es que sienta que nada vaya bien. Ya se sabe, cero grados, ni frío ni calor.

Hoy he pensado qué tal vez esto se debe a qué no lo estoy haciendo bien, aunque no sé realmente en qué me estoy equivocando, si mi yo del futuro tiene una máquina del tiempo, le rogaría que me mandara un mensaje al respecto.

Generaciones

No soy padre, soy tío, lo que hace que casi todas las experiencias por las que pasan los padres yo me las pierda. Pero hay una que he “disfrutado”, y es la de generación, que supera a la anterior.

Los Reyes Magos en su inmensa generosidad, me han traído entre otras cosas un segundo mando para jugar con mi PS4, con lo cual ya puedo jugar a dobles con mis sobrinos. Cuándo se compraron la consola, yo les dejé mi NHL 15, yo ya estaba disfrutando del 16 y así entrenaban un poco para cuándo vinieran a mi casa.

Hasta ayer no tenía ningún inconveniente en patearles el trasero para que comprendieran que en este mundo había algo más frío que el hielo, mi corazón. Bueno, la verdad es que me contenía un poco porque ya se sabe como son los niños, y yo quería que les gustara el juego, no que lo aborrecieran.

Ya venía notando que cada vez me iba teniendo que contener menos, y de hecho, ayer mi sobrino Pedro me ganó un partido por primera vez, y prometo que intenté ganar el partido de todas las maneras, pero no estuve cómodo ni un solo segundo.

Mi primer sentimiento sin duda alguna fue de frustración, luego le siguió el de alegría, y no voy a mentir, luego volvió la frustración. Estoy seguro de que son estas cosas las que construyen las crisis de la madurez. Pues ya me puedo ir apañando, porque después de esta me parece que me esperan un montón más.

Propósitos

img_6433

El 1 de Enero es esa fecha que da tanto que pensar y que hace que la mayoría de nosotros pensemos qué es el momento ideal para hacer y emprender todas esas cosas que se supone qué nos van a hacer mejores, luego muchas de esas buenas intenciones desaparecen como diría el bueno de Rutger Hauer como lágrimas en la lluvia, porque la única razón para pensar en ellas fue el cambio de año.

Yo he llegado a la determinación qué el mejor momento para hacer algo, es cuándo se piensa, que todo lo que se aplaza para mañana, para el lunes, para el mes que viene o para el principio de año, en realidad no tienes ganas o intención de hacerlo. Por eso cuándo este pasado mes de Agosto paseaba mi barriga por las playas de Torre del Mar, decidí que el frotar se iba a acabar y cuánto antes.

Me entretuvo un poco el hecho de que no sabía dónde la iba a poder colocar y quién de mi familia querría utilizarla para comprar un modelo más o menos resistente, pero resuelto eso en el mes de Septiembre, en Octubre ya podía disfrutar de mi elíptica.

Lo reconozco, desde pequeño siempre me ha gustado el esfuerzo agonístico, disfrutaba de las carreras largas en la escuela, de mi bicicleta en los sube y bajas que rodeaban a Alcalá y de los ejercicios aeróbicos en el gimnasio, así que para mi la elíptica es un ejercicio divertido, que además no castiga mi pobre espalda perjudicada de las horas de mostrador y reductora de perímetro barriguil, por no hablar de que fortalece el corazón, principal responsable de envíar a los varones López a la tumba.

Cuándo uno se compra un trasto de estos, todo el mundo da por sentado que tarde o temprano se convertirá en un perchero. No puedo leer el futuro, pero si puedo decir ahora lleno de fe, que ese momento perchero todavía queda lejano, dos kilos y tres centímetros menos de barriga motivan al más pintado. A ver si este verano puedo pasearme en bañador hecho todo un pimpollo.

Ahora que todos estamos llenos de propósitos, llevémoslos a cabo y si se nos ocurren en Febrero, hagámoslos en Febrero, y si se nos ocurren un martes, empecemos ese martes, cualquier momento es bueno para querer ser mejor, para ser mejor.

La lista

paracaidismo

Desde pequeño, siempre pensé que al menos una vez en la vida quería tirarme en paracaídas. No siento predilección por los deportes de riesgo, pero esto era diferente, era una sensación qué quería vivir.

El día a día suele encargarse de que todas estas cosas pasen a un segundo plano o incluso al olvido, para solo volver cuándo ya es tarde o desgraciadamente demasiado tarde.

Soy feliz, pero aún así, tengo mi pequeña lista de cosas que quiero hacer antes de morir, y aunque a priori, me quedan todavía muchos años por delante para hacerlas, la verdad es que cualquier día ocurre algo que te puede impedir llevarlas a cabo y no todas necesariamente malas, una pareja o un hijo hacen que veas la vida desde otra perspectiva por ejemplo.

Así que por una vez decidí sacudirme el “ya lo haré más tarde” habitual cuándo pensaba en esto y me decidí a cumplir este sueño de infancia. Aprovechando que en Jerez podía hacerlo, hice la reserva y fui a por ello.

La verdad es que no me puse muy nervioso antes de hacerlo, de hecho estaba tanto el día anterior como el que iba a saltar como muy desconectado de lo que iba a hacer, aunque mi subconsciente seguro que estaba trabajando a toda máquina. Incluso camino del aeródromo de Trebujena iba en el coche solo pensando en no perderme el camino.

Una vez allí yo pretendía seguir relajado, me encontré con la chica que saltaría conmigo y que ya llevaba tres intentos frustrados por el mal tiempo, y los instructores. Pedro, mi instructor, trató de relajarme desde el principio y empezó a explicarme lo que íbamos a hacer durante el salto, y yo traté de empaparme de todas sus explicaciones para evitar que ocurriera cualquier disparate.

Cuándo dijo que nosotros seríamos los primeros en saltar, el corazón me dio un vuelco, aunque como parece ocurrirme siempre en las cosas importantes, tuve suerte, porque veo a otro saltar antes que yo y no sé si se me habría parado el corazón ahí mismo.

Ya en el avión empezamos a ascender, y ahí no seguía muy nervioso, hacía un día soleado precioso y la imagen desde la ventanilla invitaba a disfrutar del paisaje. Subiendo subiendo y ganando altitud empezaba a notarse el frío pero era una sensación incluso agradable.

Todo esa tranquilidad se esfumó en cuánto llegamos a la altitud de salto y abrimos la cortinilla que tapaba la escotilla de salto, ver todo ese vacío, a la vez que la avioneta en su giro se inclinaba hacia la escotilla empezaron a acelerarme el corazón.

Arnés enganchado al del instructor y afortunadamente yo era como una mochila que llevara él, mi cuerpo quedó totalmente fuera de la avioneta, yo no tenía qué hacer nada para iniciar el salto. Como lo agradecí, porque no sé si hubiera podido hacerlo.

Salimos lanzados y yo lancé un ¡ahhhhhhhh! que salvo el instructor, nadie más podía oír. Tal como me dijo no tenía sensación de caída, si no hubiese sido porque veía el suelo acercarse, habría pensado que un ventilador gigante en el suelo me empujaba hacia arriba.

Esa era la parte emocionante, porque en cuanto se abrió el paracaídas, una sensación de paz y relajamiento me invadió, hasta que me di cuenta de que no podía levantar las piernas lo suficiente para tener un aterrizaje seguro. Ya fuera por el tirón del paracaídas al abrirse, por mi legendaria falta de flexibilidad o el bajón después de la emoción, apenas las podía levantar.

Yo tal como soy, aparte de preocuparme por romperme las piernas, como si no fuera poco, preocupado por el mal rato que le estaba dando al instructor que no sabía que decirme ya para evitar un disparate. Al final conseguimos aterrizar seguros, pero el mal rato nos lo llevamos.

Aunque intenté hacerlo difícil, sano y salvo, nadie recibiría una llamada desde un hospital, ni recibiría una regañina de tamaño olímpico por hacer el cabra por ahí, ya lo he dicho, soy un tipo con suerte.

Ya he tachado otra entrada de mi lista, espero seguir con las siguientes como parte normal de mi vida y no verme entre la espada y la pared para realizarlas en un ahora o nunca.