Archivo de la categoría: Vicios confesables

Persiguiendo a Yoko

IMG_8789Fue hace mucho tiempo cuándo nos encontramos por primera vez, un puñado de páginas en la antiquísima revista Spirou ardilla pusieron delante de mis ojos por primera vez las aventuras de Yoko Tsuno y fue amor a primera vista.

Por desgracia cuándo la compré, esa revista ya había desaparecido y de hecho ya solo se encontraban los ejemplares antiguos en los mercadillos o ventas de segunda mano, y nadie tampoco se lanzó a editar sus aventuras en álbumes de manera continuada.

Después ha habido intentos que creí que fructificarían y me traerían a la mano las aventuras de mi japonesa favorita en el mudo del cómic belga, pero tanto la editorial Juventud como NetCom2 se quedaron por el camino.

Ahora Ponent Mon, que está haciendo un esfuerzo brutal por recuperar esos clásicos de mi infancia, la trae en forma de integrales, no es lo mismo, soy muy fan del álbum, pero si sirve para poder leer en mi idioma sus aventuras, no voy a protestar.

No sé si esta será la definitiva o si al final, como ya enlucubré hace tiempo, tendré que aprender francés, de momento, apoyo la moción con mi compra, hasta que lo tenga todo, seguiré persiguiendo a Yoko.

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Is it October yet?

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Soy hijo del verano, no me gusta el otoño, pero todo se me olvida cuándo recuerdo que llega Octubre y empieza la temporada de la NHL, hockey a cascoporro para distraer mis momentos de ansia de ver deporte.

Este año disfruto de la fibra de internet desde el principio, así que los partidos se ven espectaculares a través del Apple TV aunque los cambios que le han hecho a la aplicación y a la forma de retransmitir los partidos tras el All Star de la temporada anterior, no terminan de convencerme.

Me encantaba poder ver los anuncios estadounidenses y canadienses en los descansos, que a su vez eran más amenos y que ya no esté disponible la biblioteca de partidos históricos, volver a ver las finales recientes de los Blackhawks me encantaba, o ver partidos de hace la tira de años y ver como era el hockey de esos tiempos, pues eso ya no está.

Por último, ya puestos a quitar los anuncios, podrían seguir editando los partidos quitando los tiempos muertos y los descansos y no tener que andar moviendo la barra de tiempo, pero bueno nada en este mundo es perfecto, ¿no?

Este año la NHL ha llegado como el Séptimo de Caballería en las películas del Oeste, a tiempo de amenizarme las madrugadas de esta última guardia de noche, aunque los dos partidos que vi en directo, fueran dos derrotas de los Hawks, pero esto ya está en marcha.

No lo tengo fácil, pero voy a intentar ver los 82 partidos de mi equipo, y de momento los Maple Leafs han excitado mi curiosidad, así que a partir de ahora ¡a disfrutar del hockey!

Por cierto, para rematar el feliz inicio de la temporada, mi amiga Vanesa, se ha marcado el detallazo en su visita a Chicago de regalarme una camiseta y un puck de los Blackhawks, ¿a qué estoy molón? Tengo unos amigos que no me los merezco.

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Sol naciente

Hace poco viendo la película “Yakuza” de Sidney Pollack, con un duelo interpretativo entre Robert Mitchum y el para mí, idolatrado, Ken Takakura, junto a mi amigo y compañero de múltiples películas, Luis, empezamos una conversación sobre películas de Hollywood sumergidas en un escenario japonés, ya fuera en el mismo Japón o en Estados Unidos.

“Black rain”, “Presa de la secta”, “Sol naciente”…, una serie de películas que pretendían explotar el exotismo y el desconocimiento de la sociedad y costumbres japonesas que gastamos en Occidente, para añadir un componente extra a las películas para hacerlas más atractivas o diferentes a nuestros ojos.

Y eso acabó dando lugar, a que mi compañero me regalara el DVD de “Sol naciente”, y que yo haya acabado volviendo a verla para recordarla.

La primera vez que vi esta película, fue a mitad de los 90 en el Canal plus, mucho antes de que mi interés por Japón se viera colmado con el aprendizaje del japonés y con mis viajes a Japón, es decir, siendo prácticamente un ignorante medio de la cultura japonesa.

Recuerdo esa fascinación cuándo aparece el personaje de Sean Connery, con esa retahila de consejos a Wesley Snipes, esas acciones qué parecían fuera de lugar pero que servían para “lavar la cara y evitar el deshonor” de la contrapartida nipona.

Tenía curiosidad de volver a verla porque en su momento me pareció que tenía un poso antijaponés, pero pasada la época de la burbuja económica en la que como los chinos de ahora, los japoneses parecía que iban a comprar el mundo, al final en mi opinión resulta bastante neutra, porque por un lado si que muestra ese carácter muy suyo de los japoneses, construyendo prácticamente un mundo aparte dentro de la sociedad norteamericana, pero con el contrapeso ofrecido por el personaje de Sean Connery que nos enseña que pueden tener costumbres diferentes, pero finalmente los japoneses son seres humanos, no unos marcianos venidos del espacio.

La burbuja reventó y los japoneses ya no comprarán el mundo, el Nakatomi Plaza, la Torre Nakamoto son historia, ¿reventará la de los chinos también o les dará tiempo de comprar las almas de toda la Humanidad antes de qué suceda? ¿Hará alguien la novela? Desde luego ya no será Michael Crichton.

 

Apple TV

Hockey

Desde que hace dos años descubrí el Gamecenter Live para ver los partidos de la NHL, cambió mi manera de disfrutar del hockey, ya fuera en el ordenador, o con el iPhone o en la Xbox podía ver los partidos cuándo quisiera, me costaba el dinero pero ya se sabe que con gusto, la sarna no pica.

La cuestión era que para ver los partidos en pantalla grande tenía que hacerlo a través de la Xbox 360, lo que me exigía el desembolso extra del Gold del Xbox Live, y si lo usara para juegos, me daría igual, pero es qué solo lo pagaba para ver el hockey. Aparte el sistema de recepción del Wifi no parecía dar la talla, y a veces los tirones y parones hacían ver el partido una misión imposible.

Así que cuándo me ha caducado la suscripción, me vino a la cabeza el recuerdo del Apple TV, el dispositivo que convierte a cualquier televisor en inteligente, con la App de la NHL conseguía podría ver los partidos tanto en el televisor del comedor, que aunque Smart TV, no dispone de esa aplicación, como en mi habitación, que no lo es.

Así que tras investigar un poco, he decidido comprármelo, y es de las mejores decisiones que he tenido, en mi habitación con Wifi se ve sin ninguna clase de tirones y como es pequeñito, puedo llevármelo en un instante al comedor y ver los partidos allí.

De momento solo lo tengo trabajando para el hockey, y con eso, ya tengo más que justificada su compra, pero supongo que en el futuro, le sacaremos más posibilidades.

Historias de verano II: Concierto de Kodo

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Como ya conté, fue enterarme del concierto y comprar las entradas, he decidido adoptar una política de intentar disfrutar las cosas que estén a mi alcance y ponerme el menor número de excusas posible para darles de lado, y si hace un tiempo habría dicho “no es para tanto” o “está lejos” o “puedo pasar sin ello”, esta vez la frase fue “no me paran ni a tiros”

La suerte fue que mi amiga Charo disponía de casi todo el día así que la invité al concierto, pero al mediodía fuimos a un restaurante coreano para recordar el aniversario de nuestro viaje a Corea, yo me pedí un bibimbap con una sopa de miso cuyo calor terminó por matar un empaste que ya tenía tocado del fin de semana anterior después de morder una almendra más dura de lo normal, por suerte el incidente se puede calificar como menor y no me estropeó el día.

Luego aprovechamos para pasear a pesar del calor tórrido que hacía en Madrid y a media tarde decidimos poner rumbo al teatro, y en una peripecia de las que nos marcamos Charo y yo cuando nos ponemos a andar, debimos caminar el triple de kilómetros de los necesarios para llegar a nuestro objetivo, pero lo hicimos, y con tiempo de sobra.

Era la primera vez que iba al Teatro Circo Price, y es un recinto bastante coquetón, de hecho pensaba que sería más grande, me sorprendió, para bien.

El teatro estaría a un 60 o 70 por ciento, si en un sitio como Madrid un grupo como este no llena un recinto pequeño, te das cuenta que alguno de tus gustos son realmente minoritarios.

El concierto me gustó bastante, al sonido de los tambores le añaden un despliegue visual basado en la colocación de los tambores, los movimientos de los artistas que convirtieron los 80 minutos de concierto en un suspiro. Todo el concierto desprende los valores que tiene cualquier disciplina que suponga aprendizaje en Japón, se ve a la legua que los miembros del grupo entrenan y ensayan en busca de esa perfección que nunca se alcanza y yo me divertía pensando en quienes serían los “senpais” (los miembros más veteranos) y los novatos.

Tras el concierto una cervecita cerca de la Puerta del Sol y de ahí al autobús de las dos de la mañana qué ha sido otro de los grandes descubrimientos de este viaje, es del tope de los Alsa con lo cual tienes asientos megareclinables, enchufe para el móvil, azafata que trae bebidas e incluso te desayunan antes de llegar a las 7 menos cuarto a Granada, con lo cual puedes ir de la lavadora al cordel y ponerte a trabajar, lo que supone que ir a Madrid a hacer algo pidiendo un solo día en el curre es posible, lo tendré en cuenta para futuros eventos entre semana.

Este día con la compañía de Charo fue la guinda para mi cumple, puedo jurar que esa mañana del 16 de Julio, me sentía una  de las personas más felices de la Tierra.

Hasta pronto NHL

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Pues se acabó el hockey por esta temporada, a lo grande, pero se acabó, se acabaron las carreras sobre el hielo, los golpes, los discos qué vuelan a velocidades increíbles, las paradas increíbles, y con el fin de los play offs el dormir a salto mata por ver en directo los partidos.

Este año me he rascado el bolsillo para comprar el “NHL Gamecenter” y ha sido del dinero qué mejor me he gastado últimamente, acceso a todos los partidos, con transmisiones tanto local como visitante, calidad de imagen buena, vamos, qué para el año qué viene me apunto.

La nueva configuración de los play offs ha sido un acierto, al menos este año, salvo la Tampa-Montreal no ha habido 4-o´s séptimos partidos a montones, prórrogas, remontadas increíbles, lo he pasado tan bien y ha sido tan intenso, qué cuándo acabó, el sentimiento de pena porque no habría más y de alivio porque estaba exhausto competían dentro de mí.

Hasta Septiembre, y mientras tanto, para matar el mono, ahí está la consola.

La marca amarilla

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Un día de Febrero de 1987 llegó por correo a mi casa “La marca amarilla” de Edgar P. Jacobs. No había leído nada de de Blake y Mortimer y tampoco era el primero de los álbumes, pero puesto a comprar uno, la portada fue la qué me hizo decidirme por él.

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Tenía 15 años cuándo lo leí y me causó un impacto brutal, de hecho si sólo pudiera llevarme un puñado de tebeos a cualquier parte, este sería uno de ellos, y eso qué yo no soy muy de listas o de escoger.

Iba yo a por tebeos a Flash como hago de tanto en cuánto, cuándo me encuentro qué han hecho una edición limitada con las planchas originales de “La marca amarilla” celebrando su 50 aniversario, siendo como es uno e mis álbumes favoritos, no pude resistirme y solté los 48 euros qué costaba, aparte de un previo con bocetos y comentarios sobre como se hizo, en las páginas viene también el pequeño resumen de lo anterior qué aparecía en la revista Tintín, y es qué esta obra se publicó ¡página a página! cada uno de ellas tiene un inicio, nudo y un “cliffhanger” final para hacerte comprar la revista la semana siguiente, ahora qué he visto esto, admiro aún más el trabajo de Jacobs.

Un libro bonito para tener en casa, una excusa para volver a leerlo, y si alguien no lo ha leído, qué lo pida prestado a un amiguete o puede comprarse la edición estándar que por supuesto es más barata.