Historias de verano I: 43

Me gusta escribir en el blog, pero la pereza y la prisa permanente en la que vivo son enemigas del mismo, de todos modos voy a intentar tapar las lagunas que he dejado abiertas este verano.

El 14 de Julio cumplí 43 años, se me hace raro decirlo aunque no dudo para nada que es cierto, supongo que mi alma de niño no concibe que un día al menos mi cuerpo, se iba a convertir en adulto.

Como al día siguiente me iba a Madrid al concierto de Kodo, me parecía demasiado cogerme ese día también, así que fui a trabajar y me trabajaron bien, porque fue un día de traca en la farmacia. A pesar de eso fue un día feliz, yo diría que la gente se acordó más de mí que incluso otros años, entre la cantidad de mensajes y el trabajo que no me daba tregua, a duras penas podía contestar a todos.

Muchos días, hay gestos, palabras, recuerdos, de las personas que me quieren, y si esos actos consiguen muchos días ponerme las pilas y recordarme la suerte que tengo, recibir tantos en un solo día, aseguro que da un subidón de proporciones universales, y te recuerdan lo maravilloso que es estar vivo.

Este año se me está haciendo difícil, pero el día de mi cumpleaños me dio un trampolín para pensar que ya ha llegado el momento de darle la vuelta a las cosas y mirar hacia el frente con una sonrisa y la esperanza de que mañana será mejor que hoy.

Y en ello sigo.

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