Subiendo el Monte Fuji

Siendo uno fan de Japón, una de esas cosas que parece que hay que hacer, al menos por una vez, es subir al Monte Fuji. En las veces anteriores que he estado en Japón, no surgió la ocasión, pero al anunciar que venía este verano, mi amigo Carlos, me dijo que subía con un grupo de amigos, que si me apuntaba.

Con el arrojo que concede la ignorancia, creo que no tardé ni cinco segundos en responder si a ese mensaje, firmando en ese momento mi condena a una aventura que jamás voy a olvidar.

Como ya había leído sobre el tema, sabía que iba a necesitar ropa de la que no se gasta habitualmente en el verano y unas buenas botas para llevar a cabo la misión, las botas me las regalaron mi hermana Lola y mi cuñado, el resto del equipo, entre lo que tenía en casa y una tarde en el Sprinter poco antes de venir, con lo cual al ser verano me salió la ropa tirada de precio. En Granada, compré también una lámpara frontal ya que íbamos a subir de noche para ver el amanecer en la cumbre.

Antes de quedar el grupo, pasé por casa de Carlos para saludar a su mujer y ver a su niña que es un sol, y antes de salir, su mujer dijo unas palabras que se quedarían grabadas a fuego: “Os vais a arrepentir”, nosotros reímos, tal vez para olvidar que sabíamos que en el fondo tenía razón.

La comida en el Otoya fue el penúltimo momento agradable del día, llegamos a Shinjuku donde quedamos con el grupo, de ahí cogimos el autobús para Gotemba y allí tras comprar algo de comer y de beber, salimos para Subashiriguchi, de donde partía la ascensión.

Allí en la quinta estación, el último momento reconfortante, una cena para salir plenos de energía e iniciamos el camino, eran las ocho de la tarde.

Aquí empieza la aventura

No tardamos mucho en darnos cuenta de que el camino no iba a ser fácil, la pendiente se nota desde el principio y empieza a exigir un buen esfuerzo. Como es lógico, el esfuerzo empieza a partir nuestro grupo, con gente destacada y otros a los que les cuesta mas trabajo, cada uno iremos subiendo a nuestro ritmo, y nos iremos encontrando en las sucesivas estaciones.

Como sé que el camino es largo, me quedo tranquilo con el grupo mas lento, parando un par de veces antes de llegar a la sexta estación, allí nos reunimos con la cabeza que nos esperaban cómodamente sentados. Descanso, un poco de comida y bebida y a seguir hacia delante.

Poco a poco vamos cubriendo etapas

El camino, que empieza en una vegetación frondosa, se convierte en un erial desértico, y la tierra es el material sobre el que se camina, la pendiente tampoco ayuda a hacer ligero el camino.

Decido seguir el camino a mi propio ritmo, y me quedo en tierra de nadie, no soy tan rápido como los primeros, pero dejo atrás al grupo mas lento.

En las estaciones también hay posibilidad de alojamiento

Cada vez que llego a una estación, el hecho de haber llegado con antelación, me da un descanso adicional que me permite ganar algunas fuerzas. Aunque esas fuerzas ganadas duran poco, en cuanto doy dos pasos hacia arriba, vuelvo a notar que estoy sufriendo.

Aquí no sabía que todavía me quedaban cinco horas de subida

Voy dando pasos cortos, mi imaginación calenturienta, se inventa una película sobre una historia de supervivencia en la que es imprescindible llegar a la cima, una mezcla de la historia de la película “¡Víven!” y otras de aventuras, me convertí en el protagonista de esa historia.

A medida que subo, voy necesitando ropa de abrigo, aunque cuando me cambio la camiseta normal por la térmica, cuando me quito la primera, chorrea de sudor.

Aunque al principio, podría parecer que iba disfrazado de “Coronel Tapioca”, la ropa de abrigo no está de mas, a pesar del calor húmedo que hace a nivel del mar, en el Monte Fuji hace bastante fresco, y en la cumbre bastante frío.

Y seguimos subiendo

Eso ya es bastante alto, me parece, pero todavía queda.

Cuando llegué a la octava estación, encontré largas hileras de gente que venían en grupos, era la gente que venía por la ruta Yoshida, que al parecer es la mas popular y parte de mas altura.

A pesar de que tenía la sensación de subir despacio, iba adelantando a los grupos organizados, podía parar dos o tres segundos, pero nunca mas, decidí que iba a parar a descansar sólo en las estaciones.

Iba mirando al suelo, por ver donde pisaba, porque no me sobraban las fuerzas para pisar en falso y en segundo lugar, porque no quería ver lo que me quedaba todavía por subir. Sólo me permitía mirar de vez en cuando hacia abajo para aliviarme viendo el camino que había hecho y ellos no.

Cuando paso al lado de un grupo que estaba descansando, el guía al decirles que seguían el camino, les anuncia que queda media hora, yo como voy mas rápido que los grupos,me digo a mi mismo que a mi sólo me quedan veinte.

Voy subiendo ya totalmente obcecado hasta que veo una torii, y un sitio para sentarme y eso hago pensando que es una estación mas. Pero cuando llevo sentado un par de minutos, llega un grupo y celebran que están en la cima, “¿esto es la cima?” le pregunto a una chica y ella con una sonrisa que roza la compasión me dice que si, ¡lo había conseguido!. Eran las cuatro de la mañana y faltaban cuarenta y cinco minutos para el amanecer.

Subo al promontorio y me preparo el sitio para ver el amanecer, hace un viento que corta, pero con la ropa que llevo aguanto bien.

Cámaras preparadas y el sol empieza a salir, una esfera roja se ve en el horizonte, ese color rojo hace soltar una exclamación a los japoneses presentes en la cumbre. Esa capacidad de asombro y de apreciar los tesoros de la naturaleza que tienen los japoneses, es una de las cosas que mas me gustan de ellos.

Estábamos unos cuantos en la cima

El espectáculo es bonito, esa visión, ha sido la meta y la recompensa del esfuerzo empleado, pero debo reconocer que mi capacidad de asombro es menor que la de la gente que me rodea.

Sólo queda una cosa, hay que llegar a la verdadera cumbre, la boca del cráter, cualquier movimiento es dificultoso y mas con el frío que me hace castañetear los dientes, y hasta allí que subo, ya si que estoy en el punto mas alto de Japón.

Me reuno con el resto de mi grupo (benditos móviles), ellos han llegado a las seis de la mañana, he sido el primero en llegar, una medalla que no buscaba pero me he encontrado.

Ha salido el sol, pero yo estoy tiritando

Son las 6 y 20, y sigue subiendo gente sin parar

Los que ya estamos arriba nos reponemos antes de bajar

Porque hay que bajar para volver del cielo a la tierra

A las ocho, iniciamos la bajada, si pensaba que llegando a la cima habían terminado mis preocupaciones, no me equivocaba mucho, me equivocaba muchísimo.

La tierra volcánica al bajar es muchísimo mas resbaladiza que al subir, si no eres muy habilidoso te puedes caer, yo de hecho lo hice tres veces, y bajar por ese terreno cansa muchísimo, por suerte llevaba el calzado adecuado y a pesar de mi torpeza al principio me sobrepuse y conseguí no quedarme muy retrasado de los demás.

A las once llegamos por fin a la quinta estación de nuevo, la gente que trabaja allí te saluda, no es para menos, pienso tras lo que he vivido, cerca de 25 horas sin dormir, no tengo ni hambre, me tomo una gaseosa del Monte Fuji, el líquido si que entra fácil.

El autobús de vuelta a Gotemba sale a las doce, faltan 45 minutos, pero hay que ponerse en la cola porque los asientos no están numerados y volver de pie no mola nada.

Sentados, hacemos el trayecto y ya en Gotemba cogemos el autobús de vuelta, a las tres y media por fin estoy en casa.

Afeitado, ducha, algo ligero de comer y un poco de siesta, el resto de la tarde me lo pasé en casa, renuncié a salir al super. Me dediqué a ver episodios de “El mentalista” a cascoporro.

Al final una herida en el codo derecho, otra en la pierna derecha, una pequeña contusión en la espalda y una ampolla debajo del dedo gordo del pie derecho es el parte médico, todo ello en curación.

Esta mañana al levantarme después de un sueño reparador, sólo tenía agujetas en los muslos que sólo me molestaban al subir o bajar escaleras. Al final no he escapado tan mal.

Mientras subía, y mientras bajaba me prometía a mi mismo que jamás volvería a hacer esto, es uno de los esfuerzos y retos mas grandes a los que me he enfrentado, que haya sido así ha podido ser la suma de muchos factores,tal vez la ruta Yoshida es mas sencilla, o yo ya no soy tan joven como pretendo, o simplemente no estoy en forma, pero la satisfacción sólo la encontré al llegar a la cima y al regresar al punto de partida.

Pero bueno, he vencido un reto y eso siempre está bien, y es una batallita con la que se puede dar bastante la brasa a los amigos.

7 Respuestas a “Subiendo el Monte Fuji

  1. Eres un fenomeno Marcos me alegro mucho de tu gran ascension enhorabuena y un abrazo

  2. ¡Felicidades!
    Yo por mi parte no tengo previsto ir, paabersematao

  3. viva Marcos!La próxima es el Mulhacen

  4. Aqui también suben al Mulhacén para ver salir el sol. Te apunto?. Tengo contactos jeje

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