26 de Julio

Después de todas las peripecias del día anterior, pretender levantarme al día siguiente a una hora razonable era mas bien ganas de hacer el tonto, de hecho cuando sonó el despertador a las 9 de la mañana, me di la vuelta y me acabé levantando a las 12, como los ricos y millonarios.

Desayuno tardío, ducha y afeitado después de dos días, y pensar en plan para el día. Obviamente, una de las misiones obligatorias de este viaje era visitar el mirador del recién inaugurado Sky Tree, así que como vi que era un trayecto directo desde mi estación, eso me terminó de convencer para plantarme allí.

Yo, en mi supina ignorancia, me supuse que estaría la torre pelada y que el único divertimento sería el mirador, pero cualquiera con mas seso, sabría de antemano que eso no iba a ser así.

Es alto hasta partirte el cuello mirando

Un centro comercial de un montón de plantas, acuario, planetario, ahí había de todo para entretenerse un rato.

Por suerte, había pasado la fiebre de los primeros días de inauguración, aún así en la cola había un montón de gente, de modo que tardé una media hora en sacar la entrada para el llamado “Tembo Deck”, el observatorio a 350 metros de altura.

A pesar de ir sólo, no se me hizo larga la espera, me distraje observando a mis compañeros de cola, gente de Tokio que iba a pasar la tarde, familias, novios, gente de otras partes de Japón, extranjeros (occidentales bien pocos), todo eso me sirvió para estar distraído.

Lo curioso fue que por una conjunción de extrañas e irrepetibles circunstancias la chica de la taquilla me tomó por japonés, y en vez de darme mis folletos en inglés como hay que proceder con cualquier hombre blanco, me los dio en japonés, entre que el sol debía darle en los ojos y mi perfecta pronunciación de “Otona ichimai” (una entrada de adulto), debieron inducir al error.

Por supuesto, la vista desde el mirador era espectacular, pero lo que mas me sorprendió, fue la cantidad de gente que trabajaba allí, ascensoristas, guías, tiendas, en las fotografías de recuerdo…me acordé de la cantidad de gente sin trabajo en España.

El mirador inferior mola (Tembo deck)

Como la gente es de todo menos tonta, hay otro mirador todavía mas alto, cien metros mas alto, y hay que pagar  yenes adicionales a los dos primeros para poder acceder. Cómo una vez que se hace algo, hay que hacerlo bien, tras otros diez minutos de cola, entrada y ascensor al piso superior.

La pena era la bruma que impedía alcanzar el horizonte en toda su extensión, pero aún así, mereció la pena subir.

 

Pero merece la pena subir al superior (Tembo galleria)

Tras salir del Sky Tree, me dirigí a una tienda del Estudio Ghibli, que por suerte estaba mas vacía que cuando la vi de primeras y eché un vistazo, como no soy especialmente fan, aunque me gustan las películas no compré nada.

Me di una vuelta por el centro comercial, especialmente por buscar un lugar donde cenar algo, pero me encontré el planetario que hay allí, y como faltaba poco para la siguiente sesión, compré una entrada.

Era mi primera vez en un planetario, la proyección mostraba el cielo de Tokio en verano, mas bien el de Edo, porque con la luz ambiental actual, difícilmente se puede ver el cielo nocturno.

Con esa excusa, habló de la astronomía y astrología durante el shogunato de los Tokugawa, todo ello narrado por la voz de uno de mis actores favoritos, Naoto Takenaka. Creo que fui el único que entró solo, el resto todo parejas de diferente condición, edad y composición.

No queda muy bien decirlo, pero incluso mas que la proyección, me gustó la cantidad de mozas con sombrerito que trabajaban como azafatas, monísimas.

Volví a casa y decidí cenar en mi barrio, como de un modo u otro me había ahorrado el almuerzo, no me reservé en la cena. Ya en casa, decidido a descansar, pongo la tele y veo que a las 22:45 (de Japón) empieza el España-Japón de fútbol de los Juegos Olímpicos, así que decido ir al Kutoma a verlo y ver al amigo Kuma.

Recibido con los brazos abiertos, empezamos a ver el partido, al principio igualado, y desde el gol de Japón, de mal en peor para mi. En el descanso llegó otro cliente que me alivió el dolor haciéndome explicarle cosas sobre el fútbol en España, yo mismo y finalmente sobre corridas de toros, y es que los tópicos nunca mueren.

En fin, que España palmó, y por deportividad y por supervivencia encajé la derrota deportivamente, aunque lo que me sentó peor, fue perder la cerveza que me habría bebido de gorra si hubiese ganado España.

Vuelta a casa a las una de la mañana, y en vez de ponerme a dormir, me pongo a leer mi tomo de Bakuman, y es que los Ashirogi Muto están una vez mas en el límite y necesitaba saber como seguía.

Se me hicieron las dos, pero bueno, esto son vacaciones ¿no?

Y se me olvida, gracias al amigo David que me hizo la llamada necesaria, por fin internet en el móvil.

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