En el ascensor

Volvía al mediodía del trabajo y cuando entro en el portal me encuentro con un señor que así de buenas a primeras empieza a hablarme:

– Yo era el peluquero de su padre.

Y continúa:

– Cada vez que le veo por la calle me acuerdo de él.

– Claro, es que nos parecemos – respondo yo-

– Su padre era muy buena persona y no conozco a nadie que haya dicho nada malo de él, y si así fuera, le diría que si habla mal de él, es que esa misma persona a su vez no es buena persona.

Me he emocionado y todo al oír esto, quien iba a decirme que en un momento que de corriente es tan anodino como el trayecto desde el portal hasta la puerta de mi casa, podría pasarme algo que me haría sentir tan bien.

Gracias señor peluquero de mi padre (es que no le pregunté el nombre)

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