Llévame al partido (Take me out to the ball game)

Nunca no viendo un partido me sentí tan feliz, supongo que si hubiera visto el Real Betis-Barcelona lo habría disfrutado de otra manera, pero no mas. Todo empezó con una llamada de mi amigo Rafa el pasado sábado a las seis de la tarde, no solo me llamaba para darnos una vuelta si no que además me decía que su padre había comprado el partido del Barcelona y claro está me dijo que si lo quería ver.
 
Yo no estaba muy convencido, el Betis lleva una temporada dificil y me cuesta trabajo sentarme delante de la tele para ver un partido en el que se que voy a ponerme nervioso o sufrir, pero bueno, como Rafa tenía ganas de ver el partido me acabó llevando al huerto.
 
Empezó el partido con un Barça arrollador, yo confiaba que fuera un partido calcado al del Real Madrid, y fue parecido pero en peor, en quince minutos 0-2 y un Betis que todavía no sabías si estaba en el campo (el padre de Rafa, madridista, ejerciendo de bético honorario pronosticaba un 0-7  o algo parecido). Los minutos pasaban y la vida seguía igual.
 
Empieza la segunda parte y el descanso no cambia las cosas, así que decidimos irnos ya a la calle y tomarnos algo porque el partido parecía ya decidido, lo último que vi fue la sustitución de Mark González y Capi por Sobis y Odonkor, que al contrario de lo que pensé en ese momento resultó decisiva.
 
Entramos en un bar y el partido se intuía mas que se oía en una radio tras la barra, como no esperaba gran cosa no le prestaba mucha atención, pero de repente se oye ¡GOOOL! y a continuación el comentario "¡que partido mas raro!". Al oir eso Rafa enseguida adivinó que ese gol significaba el empate del Betis y así fué, a mi se me puso una sonrisa de oreja a oreja.
 
Apenas pasó un suspiro y la sintonía cantarina del gol volvió a surgir de la radio, con ese grito largo que te tiene en tensión sin saber quien ha marcado hasta que no han pasado treinta segundos que parecen treinta minutos y el locutor lo dice, treinta segundos en los que pensé que el Barcelona nos había dejado nadar y pensar que íbamos a salvarnos para ahogarnos en la orilla, ¡pero no!, Edu, el hombre milagro del Betis volvía a marcar y remontaba un partido que era imposible por lo que yo llegué a ver. Me salió un "¡remontada!" de dentro del alma y que dirigió la mirada de los parroquianos del bar hacia mí con cierto tono de reproche, pero a mi me daba igual.
 
Desde el gran Alfonso, ninguno como él, Edu rey del Betis.
 
Salimos del bar y el partido no había terminado, ya no pude evitar pensar en el partido y calcular cuando terminaba, llegamos al restaurante a cenar y tras cierto cachondeo con los camareros (barcelonista y madridista) llamamos al padre de Rafa que nos confirmó la victoria y me dejó una sonrisa para el resto de la noche.
 
Rafa se quedó un poco jorobado por no haberlo visto, yo en cierto modo también, pero estaba tan contento por lo que significaban los tres puntos que lo dí por bueno, desde luego reconozco que últimamente peco de falta de fe y es un justo castigo haberme perdido ese momento mágico.
 
El Real Betis, por llevarme a la gloria acabará llevándome a la tumba.
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