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Mis cosas vistas además por mi propio prisma

Al Sonar 2013

Cuando los Pet Shop Boys anunciaron su gira “Electric” para el 2013, la primera idea que se me ocurrió fue que esta vez tenía que hacerlo especial, y pensé en ir a verlos al O2 de Londres, un concierto sólo de ellos nada de festivales, y en Inglaterra, así que estaría hasta la bola.

Así que me puse a comprar las entradas, ya me preocuparía después de si podría ir o no ir, pero algo debí dejarme atrás y no completé la compra sin darme cuenta de ello. Para terminar de redondear la jugada, la gente comentaba que las entradas tardaban en llegar, así que seguí esperando mirando para otro lado.

Cuando me quise dar cuenta, me había quedado sin posibilidad de reacción, las entradas ya se habían agotado, así que no me quedó más remedio que buscar alternativa, en vista de que no aparecía concierto en Madrid, la alternativa más económica en todos los aspectos, acabé eligiendo Barcelona, y aparte de echarle un vistazo al Sonar.

Para terminar de decidirme, aparece en escena mi amigo Fran Valenciano que me ofrece su casa y su compañía, así que ya estaba decidido, a los Pet Shop Boys esta gira los vería en Barcelona.

Pensando como pienso que en mi vida las cosas no suceden porque si, si no que de un modo u otro van siempre mejor por el camino aunque al principio pueda parecer que ese camino se ha torcido, estoy muy contento e impaciente para que pase el mes que falta para el concierto (y para pasar buenos ratos con un buen amigo)

Obsolescencia programada

Una cosa está clara, las cosas de hoy en día no están hechas para durar, me pregunto si los coleccionistas de aparatos electrónicos del futuro, podrán hacer funcionar los aparatos de hoy día o simplemente tendrán que disfrutar de su presencia en una vitrina.

Después de tres años, de algún modo mi iPhone 3GS ha pasado a mejor vida, y la cuestión no es que haya dejado de funcionar en si, que en eso si que cumple, si no que algunas aplicaciones no es que tardaran en abrirse, es que ya no se abrían.

Así que me lié la manta a la cabeza y me he agenciado un iPhone 5, y sólo la sensación de ver como todo vuelve ir a velocidad de relámpago, hizo que los primeros días, y los segundos también no pare de cacharrear con él. Hacía tiempo que no tenía la sensación de niño con juguete nuevo.

Por una vez, en vez de coger la opción sobria o la más normal, he optado por la más llamativa y me lo compré blanco, supongo que con eso cubrí la cuota de “locuras” del mes.

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Un tipo con suerte

Más que “no puedo quejarme de la vida que he tenido hasta ahora”, la frase que me viene a la cabeza cuando pienso acerca de mi vida es “que suerte tengo de haber vivido esta vida”.

Y no es que no me hayan pasado cosas malas, o que no haya tenido momentos en los que lloré o  en los que no haya deseado evaporarme y desaparecer de este mundo, pero vistos con la perspectiva del tiempo, yo diría que he sufrido los dolores que cualquier persona debe vivir por el simple hecho de estar vivo.

Todos los momentos que he vivido, buenos, malos y regulares, me han hecho ser la persona que soy, y como me gusta ser la persona que soy, no borraría ninguno, ni me arrepiento de haberlos vivido.

No sé lo que me espera de aquí al momento en que me muera, pero tengo en la cabeza que lo mejor está aún por llegar

¿Será el destino?

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En uno de esos momentos tontos que hay en la farmacia, me pongo a ver el facebook y me encuentro con una oferta de ANA y Lufthansa para ir en el invierno a Japón por 600 euros.

En el momento en que lo vi, pensé “¡tengo que aprovecharlo!”, pero la razón salta y hace que el cerebro y el corazón se enfríen y te digan que no actúes tan acaloradamente.

En esos momentos, lo mejor es que alguien desde fuera vea la situación y te ayude a tomar una decisión, claro que hice un poco de trampa, acudí a gente que sabía que me iban a empujar a irme y no me equivocaba.

Lo que no me esperaba es que me iba a encontrar a una socia en este negocio, aunque me tuvo en vilo durante cuatro días, al final mi amiga Charo va a compartir aventura conmigo.

Al final calculando intereses comunes, salieron las fechas de este nuevo viaje a Japón, del 22 de Febrero al 4 de Marzo, como quiero limitar el gasto, habiendo estado en Agosto y viajado un poco, esta vez estaré sólo en la zona de Tokio.

La verdad es que me hace ilusión volver a hacer un viaje con alguien a Japón, desde 2005 no hacía uno así, ya sólo por eso merece la pena, también tengo una razón, que aunque no pueda decir que sea la causa principal, si que me ha empujado a volver tan pronto, aunque me la guardo para mí, aunque me gustaría tener una razón para contarla aquí, el futuro hablará.

Parece que falta mucho, pero ya hay que organizar cosas, en poco menos de tres meses, volveré a pisar Japón, ojalá pudiera hacerlo siempre de modo tan frecuente.

 

Contrabando

O al menos en eso parecían haberse convertido los pequeños paquetes que bien uno mismo u otro enviaba desde Japón, hace dos años pasé un calvario gracias a mis difuntos amigos de Speedtrans que me marearon a base de bien para sacarme la pasta por lo que era mío.

Los señores de correos le dieron la patada a esos bandoleros, pero ya sabemos como está el patio peninsular, donde cada día está mas cercano el momento en que nos cobrarán por el aire que vamos a respirar, así que tampoco se puede uno confiar, eso y el euro pasando malos momentos hicieron que no me planteara comprar demasiadas cosas en Japón, aunque por mucho que uno se contenga, tiene que aprovechar la ocasión.

Haciendo caso de mi amigo Carlos, esta vez los libros y demás me los he envíado por el correo marítimo en lugar del SAL que es mucho mas rápido. Pero todo en este mundo llega, y el miércoles al entrar en casa, después de 50 días nos volvimos a encontrar mi paquete y yo.

Lo que tenía mas ganas de traerme eran los veinte tomos de “Bakuman” para írmelos leyendo por adelantado a la edición española, hecho eso, también compré alguna que otra cosa, pero entre que no me terminaba de fiar de si llegaría sin problemas a España y que con el euro a menos de 100 yenes, los libros y los DVD´s se han puesto carísimos, me contuve bastante.

Pero bueno, esto ya está aquí, ahora sólo falta el paquete que envié un día antes y que pensé que tendría menos problema, el de la ropa y las botas para subir el Monte Fuji, por lo menos tengo entretenimiento mientras lo espero.

 

Elysium llega a casa

El pasado viernes no empezó con buen pie, pero a medida que iba pasando el día iba a mejorar.

Una de las buenas noticias fue que desde Inglaterra llegó al fin el paquete con mi edición especial de “Elysium” en CD y con el LP, pero la apertura del paquete me reservaba una sorpresa que no me esperaba, ¡el CD venía firmado por los mismísimos Neil y Chris!

Es verdad que lo pedí directamente en la página oficial de PSB porque habría 500 afortunados que recibirían su copia firmada, pero ni de lejos me imaginaba que yo sería uno de ellos, de hecho no recuerdo que me haya tocado algo en algún sorteo o rifa en los que haya participado.

Fue bastante curioso, porque abrí el paquete y cuando vi el CD, me quedé un poco parado al ver las firmas, no terminaba de saber que significaba hasta que recordé la promoción, y entonces me dio un subidón enorme, me dieron unas ganas de correr que apenas podía contener.

Aunque desde el martes ya podía escuchar el disco “oficialmente” vía iTunes, tenerlo por fin en forma de CD o disco es algo mas, ya sabes que eso es algo tuyo, tuyo y de nadie mas y eso significa algo.

Bienvenido a casa “Elysium”, vamos a pasar buenos ratos juntos.

 

Un paseo por Hakone

Después de sufrir como perros subiendo el Monte Fuji, mi amigo Carlos y yo pensamos que nos merecíamos pasar un momento agradable juntos, así que como a él le caducaba su pase para el Shinkansen el lunes, decidimos que ese día iríamos a Hakone.

El tiempo no iba a jugar mucho a nuestro favor, pero no teníamos otro día, así que seguimos adelante con el viaje.

Llegamos a Odawara, y en primer lugar decidimos que había que llenar energías para sacar el día adelante, y en la misma estación nos zampamos una tempura acompañada de guarnición correspondiente que nos puso las pilas. Por cierto, el restaurante se llama Uokuni.

Y así iniciamos el típico camino que parte de Odawara:

  • En la línea Hakone-Tozan llegamos hasta Hakone-Yumoto.
  • Luego cogimos otro tren hasta Gora, en medio de recovecos y un paisaje pintoresco.
  • El tranvía desde Gora hasta Sounzan.
  • El teleférico hasta el lago Ashi, debido a lo nublado que estaba, no pudimos apreciar el paisaje en demasía, pero si pudimos ver los pozos de azufre.
  • El lago Ashi con sus barcos turísticos, en donde por supuesto subimos.

No pudimos ver el Monte Fuji, pero el paisaje nublado tenía también su encanto, y disfrutamos de él, aunque como me ha dicho mi amigo Kiyo, pasar un sólo día en Hakone es demasiado poco, y desde luego tengo que volver, porque pienso que mi amigo tiene razón, y porque creo que merece la pena verse bajo el sol.

Subiendo el Monte Fuji

Siendo uno fan de Japón, una de esas cosas que parece que hay que hacer, al menos por una vez, es subir al Monte Fuji. En las veces anteriores que he estado en Japón, no surgió la ocasión, pero al anunciar que venía este verano, mi amigo Carlos, me dijo que subía con un grupo de amigos, que si me apuntaba.

Con el arrojo que concede la ignorancia, creo que no tardé ni cinco segundos en responder si a ese mensaje, firmando en ese momento mi condena a una aventura que jamás voy a olvidar.

Como ya había leído sobre el tema, sabía que iba a necesitar ropa de la que no se gasta habitualmente en el verano y unas buenas botas para llevar a cabo la misión, las botas me las regalaron mi hermana Lola y mi cuñado, el resto del equipo, entre lo que tenía en casa y una tarde en el Sprinter poco antes de venir, con lo cual al ser verano me salió la ropa tirada de precio. En Granada, compré también una lámpara frontal ya que íbamos a subir de noche para ver el amanecer en la cumbre.

Antes de quedar el grupo, pasé por casa de Carlos para saludar a su mujer y ver a su niña que es un sol, y antes de salir, su mujer dijo unas palabras que se quedarían grabadas a fuego: “Os vais a arrepentir”, nosotros reímos, tal vez para olvidar que sabíamos que en el fondo tenía razón.

La comida en el Otoya fue el penúltimo momento agradable del día, llegamos a Shinjuku donde quedamos con el grupo, de ahí cogimos el autobús para Gotemba y allí tras comprar algo de comer y de beber, salimos para Subashiriguchi, de donde partía la ascensión.

Allí en la quinta estación, el último momento reconfortante, una cena para salir plenos de energía e iniciamos el camino, eran las ocho de la tarde.

Aquí empieza la aventura

No tardamos mucho en darnos cuenta de que el camino no iba a ser fácil, la pendiente se nota desde el principio y empieza a exigir un buen esfuerzo. Como es lógico, el esfuerzo empieza a partir nuestro grupo, con gente destacada y otros a los que les cuesta mas trabajo, cada uno iremos subiendo a nuestro ritmo, y nos iremos encontrando en las sucesivas estaciones.

Como sé que el camino es largo, me quedo tranquilo con el grupo mas lento, parando un par de veces antes de llegar a la sexta estación, allí nos reunimos con la cabeza que nos esperaban cómodamente sentados. Descanso, un poco de comida y bebida y a seguir hacia delante.

Poco a poco vamos cubriendo etapas

El camino, que empieza en una vegetación frondosa, se convierte en un erial desértico, y la tierra es el material sobre el que se camina, la pendiente tampoco ayuda a hacer ligero el camino.

Decido seguir el camino a mi propio ritmo, y me quedo en tierra de nadie, no soy tan rápido como los primeros, pero dejo atrás al grupo mas lento.

En las estaciones también hay posibilidad de alojamiento

Cada vez que llego a una estación, el hecho de haber llegado con antelación, me da un descanso adicional que me permite ganar algunas fuerzas. Aunque esas fuerzas ganadas duran poco, en cuanto doy dos pasos hacia arriba, vuelvo a notar que estoy sufriendo.

Aquí no sabía que todavía me quedaban cinco horas de subida

Voy dando pasos cortos, mi imaginación calenturienta, se inventa una película sobre una historia de supervivencia en la que es imprescindible llegar a la cima, una mezcla de la historia de la película “¡Víven!” y otras de aventuras, me convertí en el protagonista de esa historia.

A medida que subo, voy necesitando ropa de abrigo, aunque cuando me cambio la camiseta normal por la térmica, cuando me quito la primera, chorrea de sudor.

Aunque al principio, podría parecer que iba disfrazado de “Coronel Tapioca”, la ropa de abrigo no está de mas, a pesar del calor húmedo que hace a nivel del mar, en el Monte Fuji hace bastante fresco, y en la cumbre bastante frío.

Y seguimos subiendo

Eso ya es bastante alto, me parece, pero todavía queda.

Cuando llegué a la octava estación, encontré largas hileras de gente que venían en grupos, era la gente que venía por la ruta Yoshida, que al parecer es la mas popular y parte de mas altura.

A pesar de que tenía la sensación de subir despacio, iba adelantando a los grupos organizados, podía parar dos o tres segundos, pero nunca mas, decidí que iba a parar a descansar sólo en las estaciones.

Iba mirando al suelo, por ver donde pisaba, porque no me sobraban las fuerzas para pisar en falso y en segundo lugar, porque no quería ver lo que me quedaba todavía por subir. Sólo me permitía mirar de vez en cuando hacia abajo para aliviarme viendo el camino que había hecho y ellos no.

Cuando paso al lado de un grupo que estaba descansando, el guía al decirles que seguían el camino, les anuncia que queda media hora, yo como voy mas rápido que los grupos,me digo a mi mismo que a mi sólo me quedan veinte.

Voy subiendo ya totalmente obcecado hasta que veo una torii, y un sitio para sentarme y eso hago pensando que es una estación mas. Pero cuando llevo sentado un par de minutos, llega un grupo y celebran que están en la cima, “¿esto es la cima?” le pregunto a una chica y ella con una sonrisa que roza la compasión me dice que si, ¡lo había conseguido!. Eran las cuatro de la mañana y faltaban cuarenta y cinco minutos para el amanecer.

Subo al promontorio y me preparo el sitio para ver el amanecer, hace un viento que corta, pero con la ropa que llevo aguanto bien.

Cámaras preparadas y el sol empieza a salir, una esfera roja se ve en el horizonte, ese color rojo hace soltar una exclamación a los japoneses presentes en la cumbre. Esa capacidad de asombro y de apreciar los tesoros de la naturaleza que tienen los japoneses, es una de las cosas que mas me gustan de ellos.

Estábamos unos cuantos en la cima

El espectáculo es bonito, esa visión, ha sido la meta y la recompensa del esfuerzo empleado, pero debo reconocer que mi capacidad de asombro es menor que la de la gente que me rodea.

Sólo queda una cosa, hay que llegar a la verdadera cumbre, la boca del cráter, cualquier movimiento es dificultoso y mas con el frío que me hace castañetear los dientes, y hasta allí que subo, ya si que estoy en el punto mas alto de Japón.

Me reuno con el resto de mi grupo (benditos móviles), ellos han llegado a las seis de la mañana, he sido el primero en llegar, una medalla que no buscaba pero me he encontrado.

Ha salido el sol, pero yo estoy tiritando

Son las 6 y 20, y sigue subiendo gente sin parar

Los que ya estamos arriba nos reponemos antes de bajar

Porque hay que bajar para volver del cielo a la tierra

A las ocho, iniciamos la bajada, si pensaba que llegando a la cima habían terminado mis preocupaciones, no me equivocaba mucho, me equivocaba muchísimo.

La tierra volcánica al bajar es muchísimo mas resbaladiza que al subir, si no eres muy habilidoso te puedes caer, yo de hecho lo hice tres veces, y bajar por ese terreno cansa muchísimo, por suerte llevaba el calzado adecuado y a pesar de mi torpeza al principio me sobrepuse y conseguí no quedarme muy retrasado de los demás.

A las once llegamos por fin a la quinta estación de nuevo, la gente que trabaja allí te saluda, no es para menos, pienso tras lo que he vivido, cerca de 25 horas sin dormir, no tengo ni hambre, me tomo una gaseosa del Monte Fuji, el líquido si que entra fácil.

El autobús de vuelta a Gotemba sale a las doce, faltan 45 minutos, pero hay que ponerse en la cola porque los asientos no están numerados y volver de pie no mola nada.

Sentados, hacemos el trayecto y ya en Gotemba cogemos el autobús de vuelta, a las tres y media por fin estoy en casa.

Afeitado, ducha, algo ligero de comer y un poco de siesta, el resto de la tarde me lo pasé en casa, renuncié a salir al super. Me dediqué a ver episodios de “El mentalista” a cascoporro.

Al final una herida en el codo derecho, otra en la pierna derecha, una pequeña contusión en la espalda y una ampolla debajo del dedo gordo del pie derecho es el parte médico, todo ello en curación.

Esta mañana al levantarme después de un sueño reparador, sólo tenía agujetas en los muslos que sólo me molestaban al subir o bajar escaleras. Al final no he escapado tan mal.

Mientras subía, y mientras bajaba me prometía a mi mismo que jamás volvería a hacer esto, es uno de los esfuerzos y retos mas grandes a los que me he enfrentado, que haya sido así ha podido ser la suma de muchos factores,tal vez la ruta Yoshida es mas sencilla, o yo ya no soy tan joven como pretendo, o simplemente no estoy en forma, pero la satisfacción sólo la encontré al llegar a la cima y al regresar al punto de partida.

Pero bueno, he vencido un reto y eso siempre está bien, y es una batallita con la que se puede dar bastante la brasa a los amigos.

26 de Julio

Después de todas las peripecias del día anterior, pretender levantarme al día siguiente a una hora razonable era mas bien ganas de hacer el tonto, de hecho cuando sonó el despertador a las 9 de la mañana, me di la vuelta y me acabé levantando a las 12, como los ricos y millonarios.

Desayuno tardío, ducha y afeitado después de dos días, y pensar en plan para el día. Obviamente, una de las misiones obligatorias de este viaje era visitar el mirador del recién inaugurado Sky Tree, así que como vi que era un trayecto directo desde mi estación, eso me terminó de convencer para plantarme allí.

Yo, en mi supina ignorancia, me supuse que estaría la torre pelada y que el único divertimento sería el mirador, pero cualquiera con mas seso, sabría de antemano que eso no iba a ser así.

Es alto hasta partirte el cuello mirando

Un centro comercial de un montón de plantas, acuario, planetario, ahí había de todo para entretenerse un rato.

Por suerte, había pasado la fiebre de los primeros días de inauguración, aún así en la cola había un montón de gente, de modo que tardé una media hora en sacar la entrada para el llamado “Tembo Deck”, el observatorio a 350 metros de altura.

A pesar de ir sólo, no se me hizo larga la espera, me distraje observando a mis compañeros de cola, gente de Tokio que iba a pasar la tarde, familias, novios, gente de otras partes de Japón, extranjeros (occidentales bien pocos), todo eso me sirvió para estar distraído.

Lo curioso fue que por una conjunción de extrañas e irrepetibles circunstancias la chica de la taquilla me tomó por japonés, y en vez de darme mis folletos en inglés como hay que proceder con cualquier hombre blanco, me los dio en japonés, entre que el sol debía darle en los ojos y mi perfecta pronunciación de “Otona ichimai” (una entrada de adulto), debieron inducir al error.

Por supuesto, la vista desde el mirador era espectacular, pero lo que mas me sorprendió, fue la cantidad de gente que trabajaba allí, ascensoristas, guías, tiendas, en las fotografías de recuerdo…me acordé de la cantidad de gente sin trabajo en España.

El mirador inferior mola (Tembo deck)

Como la gente es de todo menos tonta, hay otro mirador todavía mas alto, cien metros mas alto, y hay que pagar  yenes adicionales a los dos primeros para poder acceder. Cómo una vez que se hace algo, hay que hacerlo bien, tras otros diez minutos de cola, entrada y ascensor al piso superior.

La pena era la bruma que impedía alcanzar el horizonte en toda su extensión, pero aún así, mereció la pena subir.

 

Pero merece la pena subir al superior (Tembo galleria)

Tras salir del Sky Tree, me dirigí a una tienda del Estudio Ghibli, que por suerte estaba mas vacía que cuando la vi de primeras y eché un vistazo, como no soy especialmente fan, aunque me gustan las películas no compré nada.

Me di una vuelta por el centro comercial, especialmente por buscar un lugar donde cenar algo, pero me encontré el planetario que hay allí, y como faltaba poco para la siguiente sesión, compré una entrada.

Era mi primera vez en un planetario, la proyección mostraba el cielo de Tokio en verano, mas bien el de Edo, porque con la luz ambiental actual, difícilmente se puede ver el cielo nocturno.

Con esa excusa, habló de la astronomía y astrología durante el shogunato de los Tokugawa, todo ello narrado por la voz de uno de mis actores favoritos, Naoto Takenaka. Creo que fui el único que entró solo, el resto todo parejas de diferente condición, edad y composición.

No queda muy bien decirlo, pero incluso mas que la proyección, me gustó la cantidad de mozas con sombrerito que trabajaban como azafatas, monísimas.

Volví a casa y decidí cenar en mi barrio, como de un modo u otro me había ahorrado el almuerzo, no me reservé en la cena. Ya en casa, decidido a descansar, pongo la tele y veo que a las 22:45 (de Japón) empieza el España-Japón de fútbol de los Juegos Olímpicos, así que decido ir al Kutoma a verlo y ver al amigo Kuma.

Recibido con los brazos abiertos, empezamos a ver el partido, al principio igualado, y desde el gol de Japón, de mal en peor para mi. En el descanso llegó otro cliente que me alivió el dolor haciéndome explicarle cosas sobre el fútbol en España, yo mismo y finalmente sobre corridas de toros, y es que los tópicos nunca mueren.

En fin, que España palmó, y por deportividad y por supervivencia encajé la derrota deportivamente, aunque lo que me sentó peor, fue perder la cerveza que me habría bebido de gorra si hubiese ganado España.

Vuelta a casa a las una de la mañana, y en vez de ponerme a dormir, me pongo a leer mi tomo de Bakuman, y es que los Ashirogi Muto están una vez mas en el límite y necesitaba saber como seguía.

Se me hicieron las dos, pero bueno, esto son vacaciones ¿no?

Y se me olvida, gracias al amigo David que me hizo la llamada necesaria, por fin internet en el móvil.

24 y 25 de Julio

Salir de la semana de guardia para irte de corrido para hacer un viaje transcontinental no parece buena idea, y no es mala del todo, sólo que cuando se hace un viaje de tantas horas, kilómetros, etapas y papeleos, difícilmente puede salir todo a la primera.

De primeras todo fue saliendo bien, a las una y media de la madrugada estaba en la estación de autobuses y a las dos de camino al aeropuerto de Barajas. Con tu neverita en el autobús para coger agua y el bono en la parada de Almuradiel para tomarte un algo, no pasé necesidades y me iba avituallando para tan largo viaje.

Llegada a la T4 y ahí cogí la lanzadera para la T2 que paraba justo al lado y en un suspiro ya podía dejar el equipaje.

Desayuno en el aeropuerto con camarero gracioso (pero simpático), y vuelo a Francfort, rápido como la seda y llegada en hora, y menos mal porque me bajé de un avión y embarqué en el siguiente, ¡un A380! un pedazo de avión con todas las letras.

Por suerte en nuestra parte del avión, había bastantes plazas libres, mas atrás estaba hasta la bandera, y pudimos repartirnos de manera mucho mas cómoda a la distribución original.

Pero surgió el primer inconveniente, el piloto anunció una avería aunque dijo que la iban a arreglar en el momento. Al principio estaba tranquilo, pero finalmente empecé a temer que nos pudieran bajar, pero afortunadamente todo concluyó con una hora de retraso.

El vuelo, teniendo mas espacio, fue bien, aunque a mitad se me puso la cabeza fatal, así que le pedí a la azafata una aspirina, que gracias a Dios hizo su trabajo y después de un sueño todo volvió a su sitio.

Llegada a Tokio, con mi pasaporte nuevo pasé por el control como un rey, y como ya es costumbre, me abrieron la maleta, no sé si es porque hablo japonés o por llevarla envuelta en un plástico, pero de todos modos mejor así, me ahorro tirar el plástico protector de la maleta.

Justo al salir al recibidor de la terminal, estaban las taquillas del “Limousine Bus“, tarda mas que el tren, pero me dejaba al lado de las oficinas de “Sakura House” ahorrándome un transbordo, que con las dos maletas y después de 24 horas de viaje, ya pesa.

En “Sakura House” me llevé el segundo susto del día, como el yen anda  tan fuerte, pagar el alquiler con la tarjeta sobrepasaba el límite de mi tarjeta, menos mal que justo enfrente había una oficina de correos (¡gracias JP Post!) y pude sacar el dinero del cajero que sumado al que llevaba en la cartera, me permitió pasar el trago.

Cogí el metro hasta Sangenjaya, mi estación, haciendo un sólo transbordo y sin muchas escaleras afortunadamente, y por fin en casa.

Pero claro, aquí hay cosas, pero faltan otras, así que de primeras me fui al Mc Donald´s de al lado de la estación y ya con algo en el estómago, los primeros suministros.

Para conectarme, me hacían falta un cable LAN y quería una de esas tarjetas de datos para ponerla en mi iPhone y poder comunicarme fácilmente con la gente de por aquí.

Así que cogí el camino de Shibuya, pero aunque encontré el cable a la primera, no vi la tarjeta de marras, así que me lié la manta de cabeza y me fui al sitio que había que ir, a Akihabara.

Y en el Yodobashi Camera me di de bruces con ella, así que me la compré y de vuelta al territorio. Pensaba que en cuanto a comunicaciones estaba el asunto resuelto, pero todavía quedaba mucho por caminar.

De vuelta a casa, no tuve mas ocurrencia que acercarme al Tsutaya para comprarme el tomo 12 de Bakuman, sé que en el Book off lo puedo comprar mas barato usado, aunque en un estado impecable, pero no me pude resistir.

Conecté el ordenador, porque la prioridad era hablar con casa y deshice las maletas. Ya por último intenté activar la tarjeta de datos, pero la llamada que se necesita, no se deja hacer por Skype, así que de primeras mi gozo en un pozo.

Ya finalmente me acosté, y a pesar de todo el cansancio que llevaba, tuve la ocurrencia de poner el despertador, necio acto como se descubrió al día siguiente.

Está claro que cuando es necesario, saco las fuerzas de donde sea.